Otra vez los “cusqueñistas”

En el marco de las facultades que el Congreso había otorgado al Poder Ejecutivo para legislar en materia administrativa, económica y financiera, se promulgaron varios decretos legislativos.

Un decreto modificaba la Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación de 2004 autorizando al Ministerio de Cultura que firme “contratos de gestión cultural” con entidades públicas o privadas hasta por 10 años para administración, protección, investigación, conservación, restauración, exhibición, difusión y/o puesta en valor sostenible de determinados bienes inmuebles integrantes del Patrimonio Cultural de la Nación, sin transferencia de propiedad ni cobro por explotación. Se excluyó monumentos declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad, como la ciudadela Machu Picchu en Cusco. La norma legal era para detener el deplorable espectáculo de ver deteriorarse por acción u omisión templos prehispánicos, edificios coloniales o viejas casonas republicanas, parte de nuestra herencia cultural.

De inmediato, “chillaron” los “cusqueñistas” (campesinos, obreros de construcción civil, maestros, estudiantes universitarios, políticos e intelectuales de izquierda radical del Cusco) con el “cuco privatizador”. Hicieron paro de 48 horas. Bloquearon avenidas y calles, paralizaron el comercio, impidieron la circulación del transporte público y lograron que una mayoría en el Congreso (ávida por la reelección el próximo año) derogue el decreto legislativo.

En 2008 los mismos “cusqueñistas” casi incendian Cusco protestando contra la Ley de Promoción del Desarrollo Sostenible de Servicios Turísticos en los Bienes Inmuebles Integrantes del Patrimonio Cultural de la Nación aprobada el año anterior, que permitía la concesión de bienes inmuebles integrantes del Patrimonio Cultural de la Nación, previa evaluación técnica del entonces Instituto Nacional de Cultural. El gobierno de Alan García hizo que el Congreso modificase la ley transfiriendo la facultad de concesionar a los gobiernos regionales para que decidiesen si quería hacerlo o no. A pesar que varios gobiernos regionales del país (Cusco, no) aplaudieron la norma legal, los “cusqueñistas” continuaron en sus trece y, finalmente, el Congreso derogó toda la ley.

¿Por qué esta actitud tan chocante y ridícula?. El escritor Rafael “Rafo” León cree que esos “cusqueñistas” odian el turismo (surgido en la década de 1950) y son fanáticos defensores del pasado incaico (¡se opusieron hasta a una muestra itinerante de Arte Contemporáneo!), retardatarios (sueñan con restablecer el Tahuantinsuyo, pero con un neo-Inca populista, estatista y colectivista) y muy arrogantes (creen que el Perú y el mundo les “deben algo”) y a León nadie puede acusarlo de “neoliberal” o “privatizador”. 

Incluso “Rafo” señala que esos “cusqueñistas” saltan como arañas ponzoñosas contra el Gobierno nacional, supuestamente, por el Patrimonio Cultural de la Nación, pero no les molesta que la periferia de Cusco esté atestada de invasores de terrenos que afean la histórica ciudad. ¿Qué se va a hacer?. Así son estos “cusqueñistas”.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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