Desde el
extranjero la política en el Perú se ve compleja.
A partir de
los últimos diez o quince años, en la política peruana no impera la clásica
dicotomía “izquierda/derecha” ni la dicotomía actual “modernizadores/populistas”
sino otra muy autóctona: “fujimoristas/anti-fujimoristas”. Al fujimorismo como
movimiento político caudillista de derecha, algo sectario y sin ideología
definida se contrapone un anti-fujimorismo tanto a la izquierda como la
derecha. El sociólogo Hugo Neira lo compara con la dicotomía imperante durante
varias décadas del siglo XX entorno al APRA como partido político: aprismo y
antiaprismo. No es igual, porque los apristas tenían mística y los movía un
ideal transformador. Los fujimoristas han sido pragmáticos y los ha movido la
ambición de poder.
¿Cómo inició
todo?. El fujimorismo es un movimiento político entorno a Alberto Fujimori
nacido en los ocho años de su dictadura. En los años 2000 y 2001, durante la
transición a la democracia con el gobierno de Valentín Paniagua, el fujimorismo
prácticamente desapareció. Envuelto en procesos judiciales legítimos a Fujimori
y sus lugartenientes políticos, el fujimorismo cayó en el descrédito. Sin
embargo, errores de la nueva democracia bajo el gobierno de Alejandro Toledo (corrupción,
ineficiente gestión, ambiciones personales, etc.) permitieron el renacimiento
del fujimorismo, ahora liderado por doña Keiko F, hija mayor del ex dictador.
En las
elecciones generales de 2006 el fujimorismo adquirió peso político en
democracia. Tanto como para respaldar -o sostener-, junto al APRA y el Partido
Popular Cristiano, al gobierno de Alan García. Fue entonces cuando comenzó un
ánimo revanchista del fujimorismo: sintieron que los votos les reivindicaron
por su “martirologio político” vivido. Gente “de derecha”, que renegaba de la
Transición, pero la habían aceptado recelosa, aplaudió al renaciente
fujimorismo. Fueron los años de Aldo Mariátegui y Luis García Miró como
directores de los diarios Correo y Expreso, respectivamente. Fueron los
años de tildar de “caviares” a los anti-fujimoristas. Especialmente, si eran de
izquierda. La respuesta no tardó: con su aparataje político, mediático y abogadil,
el anti-fujimorismo despertó y embistió directamente contra el gobierno de Alan
García hasta sumirlo en el descrédito total, con la ayuda de errores propios.
Para las
elecciones generales de 2011 el fujimorismo y el anti-fujimorismo ya estaban
muy presentes. El resultado electoral se inclinaría a favor del anti-fujimorismo.
Entonces el fujimorismo con amplificación política y mediática embistió contra
el gobierno de Ollanta Humala buscando abonar el terreno para la victoria
electoral definitiva de Doña Keiko en 2016. Pareció que Doña Keiko iba a ganar,
pero intentando asumir posiciones ideológicas contrarias al fujimorismo de los
últimos años, perdió credibilidad y se vio muy “disforzada”. Entonces el
fujimorismo empezó a escorarse hacia la derecha, cada vez más hacia la derecha.
Tanto que se volvió intolerante, virulento y reaccionario. Fueron los años de
los “fujitrolls” en las redes sociales Facebook
y Twitter y las exhibiciones de “músculo”
desde el Congreso. Renegó del resultado electoral y se propuso socavar el
gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki, hasta que consiguió su caída.
El
fujimorismo promovió que un “aventurero” felón y cínico llegara a la Presidencia
de la República mediante una sucesión constitucional en 2018. El anti-fujimorismo
embistió contra el Congreso con mayoría fujimorista y descrédito rampante hasta
aupar a ese “aventurero” oportunista que “se lo cargó”. La guerra política aún
no acaba, porque a unos y otros ya parece importarles poco la voluntad popular
expresada en las urnas, las instituciones y el imperio de la ley.
Que Dios
proteja al Perú.

No hay comentarios:
Publicar un comentario