Xenofobia, ¡no!


Este artículo está dirigido a quienes tienen cuenta en las redes sociales Facebook, Twitter y WhatsApp y han recibido de algún contacto ciertos mensajes.

Mensajes como “¡40 mil venezolanos votarán en las elecciones!”, “¡Han establecido un 'salario mínimo' para venezolanos!”, “¡Dan seguro a los venezolanos y no a los peruanos!” o “¡Muchos delincuentes son venezolanos!”. Quizá usted, que no tiene nada en contra de los venezolanos, ha visto estos mensajes y se ha indignado. “¡Cómo es posible!”, habrá dicho. Tal vez los ha reenviado o escrito un comentario crítico en la red social.

En principio, esos mensajes que aún circulan por las redes sociales (el filósofo español Gabriel Albiac las califica como unas verdades “cloacas” y fuentes de “estupidización”) son MENTIRAS y reto a cualquiera me pruebe lo contrario. Si usted o alguien más no se ha percatado, son parte de una torpe campaña xenofóbica destinada a crear un sentimiento anti-venezolano en el Perú.

Sobrado describir la Venezuela de hoy: hiperinflación, escasez y desabastecimiento de alimentos y medicinas, colapso de servicios públicos, desempleo o subempleo. Criminalidad horripilante y una dictadura represora, corrupta y expoliadora, que viola sistemáticamente los derechos humanos. Es justificado que miles de personas huyan de ese infierno si pueden.

Utilizo el vocablo “huir”, porque no es una migración típica. Es casi “desbandada”: un “sálvese quien pueda”. Por eso las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, Amnistía Internacional o Human Rights Watch hablan de “crisis humanitaria” o “refugiados”. La inmigración venezolana es mucho más dramática en Colombia, porque tiene frontera común con Venezuela, y sobrepasa el millón de personas. Los venezolanos huyendo a Brasil también aumentan. No todos los venezolanos que ingresan a Colombia desean quedarse. Para muchos es sólo un lugar de tránsito hacia Ecuador, país en donde ahora la cifra de inmigrantes venezolanos se ha disparado.

Hay quienes aún pueden costear el viaje por tierra y tienen como destino el Perú, porque ya tienen familia o amistades acá y el costo de vida no les sería elevado. Incluso no todos los venezolanos que ingresan a nuestro país se quedan: hay quienes continúan el viaje hasta Chile o Argentina, pero cada vez son menos.

En una inmigración masiva siempre existen “indeseables”: personas que llegan y delinquen. En esa situación, corresponde a las autoridades procesar penalmente a los imputados y expulsarlos del país si fuesen condenados. Los “indeseables” son siempre minoría. Los demás vienen a trabajar (crean riqueza), consumir (expanden nuestra economía), ahorrar (ayudan a quienes dejaron en Venezuela) y vivir decentemente. Como las oleadas de inmigrantes no cesan todavía, la sociedad aún no puede asimilarlos, pero más adelante lo hará.

Los peruanos que sabemos de la emigración masiva de nuestros connacionales a distintos rincones del mundo durante las décadas de 1970, 1980 y 1990 no podemos ni debemos aceptar la “inmoralidad” de la xenofobia en el Perú incitada por algunos “miserables”.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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