La Subcomisión de Acusaciones Constitucionales del Congreso aprobó el informe recomendando acusar por “traición a la patria” al “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República.
Ese informe nació de una denuncia presentada al Congreso meses atrás por varios abogados, a raíz de la vergonzosa entrevista televisiva que el “hombre sin sombrero”, cuando aún vestía sombrero, concedió al periodista mexicano Fernando del Rincón, donde dijo que estaría dispuesto a convocar un referéndum para que decidamos si queremos o no entregar una salida soberana al mar para Bolivia por territorio del Perú. Aunque Torre Tagle matizó después esos dichos, el “hombre sin sombrero” nunca rectificó, pero jamás volvió a mencionar el tema. Aprobado el informe, la Comisión Permanente deberá confirmarlo o rectificarlo. Se presume que la oposición “de derecha” y parte de la oposición “centrista” tienen los votos necesarios para la confirmación. Tras debatir la acusación y escuchar la defensa legal, la Cámara deberá votar el informe. Se aprobaría con dos tercios del total de congresistas habilitados, menos los congresistas de la Permanente: serían 66 votos o menos. Si la Cámara aprobase el informe, la Fiscal de la Nación lo recibiría, no podría modificar la acusación y acusaría al “hombre sin sombrero” ante la Corte Suprema de Justicia. Serían los vocales quienes determinarían si hubo o no delito, pero, conforme a la Constitución de 1993, al estar procesado judicialmente, el Congreso suspendería en la Presidencia de la República al “hombre sin sombrero” y ahí el Ministerio Público podría acusarlo ante el Poder Judicial por los numerosos casos de corrupción administrativa.
Personalmente, la acusación no es muy sólida, porque el dolo en un delito no se presume, se prueba: regla básica del Derecho penal. Desconozco si, al final, la Cámara aprobará o no el informe. Como la destitución por “incapacidad moral permanente” es numéricamente difícil en la Cámara, surge la posibilidad de la suspensión, como consecuencia de la acusación por “traición a la patria”. Por mi parte, insisto que el “hombre sin sombrero” caerá por renuncia forzada cuando en las horas extremas deba decidir entre su vida o el poder. Obvio, la acusación y la posible suspensión no causan ninguna gracia al “hombre sin sombrero”, quien primero en Moyobamba y después en Cajamarca, asustado, sube el tono de sus amenazas hacia el Congreso.
Salvo excepciones, la “progresía” limeña, esa élite soberbia y ensimismada, saltó hasta el techo. “Torpeza política”, “Mamarracho jurídico”, “No tiene pies ni cabeza”, son algunas opiniones. Asombra la sobre-reacción y creo entender el por qué.
Primero, la “progresía” limeña repite mentirosamente que el Congreso y el “hombre sin sombrero” fingen pelearse, porque ambos “se necesitan”. La siniestra abogada Rosa María Palacios lo sintetiza con su engañosa frase “Nos quedamos todos”. La acusación derrumba esa falacia. La oposición “de derecha” y parte de la oposición “centrista” sí quieren botar al “hombre sin sombrero”. Segundo, si la posibilidad de echar al “hombre sin sombrero” mediante la acusación y la posterior suspensión es factible, entonces la “progresía” limeña se queda sin su solución mágica a la crisis política: el adelanto de elecciones generales. Por último, si, finalmente, la oposición “de derecha” y parte de la oposición “centrista” consiguieran echar al “hombre sin sombrero”, la “progresía” limeña no tendría posibilidad de influir políticamente en la sucesión constitucional y los acontecimientos posteriores.
En
pocas palabras, para más de un individuo en la “progresía” limeña, el “hombre
sin sombrero” debe caer cuándo y cómo a ésta convenga. Puro capricho.
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