La tragedia de Independencia ("ESPECIAL")

Viernes 17 de febrero de 2017: una tragedia que ha conmocionado al Perú.

Eduardo Romero, de 32 años de edad, quien fue infante de la Marina de Guerra y guardia de seguridad, tenía un puesto de venta de salchipapas. Vivía en Los Olivos, Lima. Era aficionado a las armas de fuego. Retraído, misógino, motociclista, comprador de ropa fina y admirador del satanismo. Su familia lo consideraba“tranquilo”, aunque escondía una personalidad violenta. 

Todo empezó la noche anterior. Inspectores municipales de fiscalización y control de Los Olivos lo intervinieron cuando vendía en su negocio. Dijeron que no tenía permiso municipal para vender en la vía pública: la cuadra 17 de la avenida Santiago Antúnez de Mayolo. Le advirtieron que decomisarían su carrito cocinero si lo volvían a ver vendiendo, pero Romero desoyó la advertencia. Al día siguiente llevó dos pistolas que poseía. Tenía licencia para portarlas, pero vencida desde el año pasado. Por los requisitos legales y reglamentarios de 2014 y 2015, tal vez no se la hubieran renovado. Cuando esa noche los inspectores y el gerente de fiscalización y control, Martín Moreno, volvieron, Romero desenfundó una de sus pistolas y les disparó. Moreno quedó gravemente herido y Romero huyó hacía la casa de sus tíos donde vivía. 

Una hora después Romero se dirigió hasta la cuadra 2 de la avenida Carlos Izaguirre, en Independencia. Zona de discotecas, restaurantes, agencias bancarias, salas de cine, supermercados: muy concurrida de noche. Romero intentó ingresar a una discoteca, donde Susan Juárez, de 27 años, lo atajó junto a su novio, pero el pistolero le disparó mortalmente. Entonces Romero corrió hacía la entrada de otra discoteca, donde el guardia de seguridad, César Arellano, de 32 años, lo confrontó para salvar a su compañera y fue asesinado. En su camino Romero disparaba por doquier hiriendo a varias personas. Cambió de pistola y el pistolero corrió hacia un restaurante, donde estaban Gloria Mostacero, de 25 años, comiendo con dos amigas. Romero se acercó y la baleó quedando gravemente herida. El pistolero seguía disparando. Gente gritaba y corría buscando refugio. Nicole Muñoz, de 19 años, estudiante universitaria, y otros se refugiaron en el área de cajeros automáticos de un banco privado. Romero vio a la chica, fue hacia ella y le disparó a matar.

Un efectivo de la Policía Nacional, vestido de civil y en día de franco, estaba cerca junto a un pariente. Corrió hasta el pistolero en plena calle y lo confrontó. Al ver que Romero también iba a dispararle, el policía disparó primero matándolo rápidamente. Los heridos fueron trasladados a dos clínicas privadas. Por desgracia, Juárez y Mostacero fallecieron rato después. Moreno también está internado en una clínica privada. Los cadáveres fueron llevados a la Morgue Central de Lima.

Nunca había ocurrido en el Perú una masacre protagonizada por un pistolero matando sin aparente motivo. Lo ocurrido sólo es comparable con esas horrendas masacres cometidas por asesinos solitarios en los Estados Unidos.

Lamentablemente, no es posible evitar masacres cometidas por psicópatas. Ellos se ocultan en las sombras y tarde o temprano atacan. Tampoco es un tema sobre armas de fuego, porque un asesino puede recurrir a armas blancas (navajas, cuchillos), ni sobre educación o pobreza. Romero era un enfermo mental, que como tantos en el Perú necesitaba atención psiquiátrica y nunca la recibió, porque aún carecemos de una cultura de salud mental. Que algunos medios de comunicación enfaticen que Romero vendía salchipapas o mató por su carrito cocinero es puro sensacionalismo.

Alguna lección debe quedarnos. Hallémosla por las víctimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores