Costosa demagogia


La demagogia sale cara y las seis demandas que el Perú tenía hasta el año pasado ante el Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), perteneciente al Banco Mundial, donde las empresas extranjeras demandan a los estados por violaciones a los tratados de protección de inversiones, lo demuestran. Así funciona el Derecho.
 
¿Cuáles demandas?. La última, de la minera canadiense Bear Creek Mining Company, porque en 2011 el gobierno de Alan García le canceló una concesión para aplacar una turba indigenista y extremista opuesta al proyecto minero Santa Ana. El Perú perdió, pero Bear Creek anunció estar dispuesta a “conversar” para evitar el desembolso de 1,200 millones de dólares.
 
También la demagogia municipal ha ocasionado demandas ante el CIADI. El consorcio ecuatoriano-argentino CONVIAL demanda al Perú la indemnización por 30 millones de dólares debido a que la Municipalidad Provincial del Callao le anuló el contrato de concesión vial (avenida Elmer Faucett) en 2007 tras una campaña demagógica encabezada por el congresista Víctor Andrés García Belaunde contra el cobro del peaje (S/. 1.50) y con comparsa periodística. Otro caso es la demanda de la familia franco-israelí Levy, la constructora GREMCO y la subsidiaria GREMCITEL por 2,500 millones de dólares, porque la Municipalidad Distrital de Chorrillos no le autorizó construir edificios de viviendas cerca del Morro Solar pretextando que estaba dentro de la zona intangible desde 1977.
 
Algunas demandas ante el CIADI son puro interés mercantilista: la misma familia Levy había presentado otra por 840 millones de dólares a raíz de la intervención del quebrado Banco Nuevo Mundo en el año 2000. Igual la demanda que en 2011 presentó la empresa emiratí DP World, operadora del muelle sur del puerto del Callao, por 200 millones de dólares contra la concesión del muelle norte del mismo puerto al consorcio danés APM Terminals. El consorcio español ELECNOR-ISOLUX demandó al Perú en 2012, porque se quejó de “excesivas obligaciones onerosas” para la concesión de transmisión eléctrica otorgada en 2008 y que nunca cumplieron. La primera demanda por 11 millones de dólares fue rechazada y presentaron otra por 3 millones. La contra-demanda peruana en 2013 les exige 35.9 millones por incumplimiento de obligaciones contractuales.
 
También hay demandas polémicas, como aquella del empresario chino Tza Yap Shum, a quien en 2004 la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) le imputó una supuesta deuda fiscal de 13 millones de nuevos soles. De los 20 millones de dólares que el empresario exigía, el CIADI sólo le aceptó un millón, que el Perú ha apelado. Igual la empresa estadounidense Duke Energy International demandó al Perú 42 millones de dólares en 2003 por “discriminación” tributaria y cinco años después el CIADI sólo le concedió 18.4 millones.
 
También el CIADI ha fallado a favor del Perú (caso chilena Lucchetti en 2005 o caso multinacional Aguaytía Energy en 2008), pero entendamos que la demagogia de los políticos cuesta. Nos cuesta.
 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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