Lección de Julio Velarde

 

Recientemente, el Colegio de Ingenieros del Perú homenajeó al economista Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva.

Velarde tiene diecinueves años al frente del ente emisor peruano: inédito en el mundo, sólo comparable a Alan Greenspan, quien fue presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos durante diecinueve años. Sin desearlo, Velarde se ha convertido en un referente de estabilidad macroeconómica en un país cuyas instituciones e imperio de la ley se están desmoronando hace buen rato. Por tanto, sus palabras son escuchadas por los políticos (hay algunas excepciones), los empresarios, los periodistas y los intelectuales, sin importar ideología o tendencia política.

En la ceremonia de homenaje, Velarde expresó una opinión que no ha sido bien recibida por los sectores “de derecha”, bastante crispados por la campaña electoral en curso y la asunción del nuevo Presidente de la República dentro del interinato. Palabras más o palabras menos, Velarde dijo que la autonomía del Banco Central de Reserva no empezó con la Constitución de 1993 sino con la Constitución de 1979.

Vayamos a los hechos. La Constitución de 1979 decía: “El Banco Central de Reserva es persona jurídica de derecho público con autonomía dentro de la ley. Sus funciones son regular la moneda y el crédito del sistema financiero, defender la estabilidad monetaria, administrar las reservas internacionales y las demás que señala la ley”. Por su parte, la Constitución de 1993 dice: “El Banco Central es persona jurídica de derecho público. Tiene autonomía dentro del marco de su Ley Orgánica. La finalidad del Banco Central es preservar la estabilidad monetaria. Sus funciones son: regular la moneda y el crédito del sistema financiero, administrar las reservas internacionales a su cargo, y las demás funciones que señala su ley orgánica”.

Velarde tiene razón. A su vez, en la misma declaración, añadió que “la autonomía debe ser ejercida”. Desde la reforma de 1931 (la Misión Kemmerer) hasta la Constitución de 1979, el Banco Central de Reserva no tenía autonomía nominal. Por eso los directorios de la década de 1980 no vieron mal aprobar barbaridades como depositar las reservas internacionales en un banco privado extranjero (el caso BCCI) o financiar el déficit fiscal con emisión inorgánica de dinero, siguiendo directrices políticas. Sensatamente, la Constitución de 1993 plasmó por escrito las lecciones de la experiencia de la década de 1980, pero la autonomía siguió siendo nominal, aunque a la dictadura de Alberto Fujimori le interesaba -al menos, los primeros años- que el ente emisor sí preservarse la estabilidad macroeconómica. Tras el retorno a la democracia en 2001, la autonomía del Banco Central de Reserva empezó a ser real y ha continuado hasta hoy.

¿Qué podemos aprender de las palabras de Velarde y no entienden los sectores “de derecha” (tampoco los sectores “de izquierda”)?. Las constituciones y las leyes por sí solas no te garantizan el buen funcionamiento de las instituciones, sino que las dirijan funcionarios probos y competentes.

 

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