El 26 de enero fue mal día para el
crecimiento económico y desarrollo humano en el Perú.
Triunfó la demagogia sobre la
democracia, la matonería callejera sobre el imperio de la ley, el discurso
sobre la realidad. Mayoritariamente, el Congreso derogó el régimen laboral
juvenil especial creado dos meses atrás. Aplaudo a congresistas como Martha Chávez
y Javier Bedoya de Vivanco por ser coherentes y principistas, pero el Diario de
Debates de la Cámara es prueba de quiénes son los congresistas (nombre y
apellidos) que en noviembre pasado votaron a favor de la norma legal y dos
meses después la derogaron.
Veía por TV jóvenes evidentemente
“rojos” bailando, tocando música y celebrando en las calles del centro de Lima
y también de otras ciudades del país. Pregunto: ¿qué celebran si esa ley nunca se
aplicó y la vida no ha cambiado?. Si trabajan (lo dudo, porque tenían bastante
tiempo libre para marchar), sus derechos actuales no eran afectados y si no
tenían ninguno, les hubiese reconocido varios. Si no trabajan, ¿qué “derechos”
reclamaban?. Entonces, ¿qué celebraban?, ¿qué ya tienen una anécdota gloriosa para
presumir ante familia y amistades o contar a sus descendientes?. Patéticos.
¿Quién ganó con la decisión de la
Cámara?. Aunque lo nieguen los áulicos del “jefazo” ególatra y charlatán
(colectivo “Renovar”), NO ganó el APRA, porque esos jóvenes revoltosos son
anti-apristas. Tampoco Acción Popular, cuyo emblemático congresista Yonhy Lescano
fue pifiado en una anterior marcha. Menos el Partido Popular Cristiano, que
sólo quería el subsidio para capacitación laboral; el fujimorismo, que quiso
quedar bien con Dios y el diablo pidiendo la suspensión hasta que el Tribunal
Constitucional decidiese la constitucionalidad de la ley; Perú Posible, que a
último minuto se volteó; o Solidaridad Nacional. Ninguno obtendrá un voto más
en las próximas elecciones por lo que hicieron en el Congreso.
Quien ganó ha sido la izquierda
radical, quien ya “patentó” una forma de boicotear iniciativas legislativas que
no les conviene: al inicio se queda callada, después grita que no hubo debate,
amenaza con marchas o movilizaciones y saca gente ideologizada o desinformada a
la calle. Posteriormente, recurre a “tontos útiles” en los medios de comunicación
(esos periodistas convencidos que tienen “conciencia social”) para falsear la
verdad y crear una corriente de opinión favorable a la postura. No faltan encuestas
de opinión tendenciosas para pregonar que “la
mayoría de la población está en contra” (como si se debiera gobernar en
base a aplausos) y así arrinconar a los poderes públicos. Al final, gana.
Ocurrió en 2009, durante el
gobierno de Alan García, por los decretos legislativos sobre promoción de la
inversión privada en forestación, reforestación y agro-forestación, y el
régimen jurídico para la explotación agrícola en la selva. Una metodología
subversiva que causó los trágicos sucesos de Bagua y el fin del ímpetu reformista
lo que resta del mandato presidencial.
¿Qué nos deparará el futuro?. Lo
ignoro, pero tengo miedo de pensarlo.


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