Final del engaño disolvente


Acabó la ilusión, según la última encuesta de opinión de DATUM. Margen de error de 2.8%.

Según el sondeo nacional, a más de un mes que ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 “se cargara” el Congreso “estirando como plastilina” la Constitución de 1993 para decretar la disolución de la Cámara y convocar a comicios parlamentarias para enero próximo, la ciudadanía está insatisfecha.

Contundente 63% de encuestados cree que el país “sigue igual” que antes de la disolución de la Cámara. Sólo 13% considera “ha avanzado” y 2% no sabe, no opina. Además, 58% considera que el “aventurero” está gobernando “igual” que antes de la disolución, 27% “mejor”, 10% “peor” y 5% no sabe, no opina.

Por eso la aprobación al “aventurero” ha caída de 82%, posterior a la disolución, a 69%. A su vez, sólo la “progre” Ministra de Economía y Finanzas tiene una aprobación superior a la desaprobación (35% frente a 32%). Ni siquiera el Presidente del Consejo de Ministros es aprobado. En cuanto al desempeño del gabinete ministerial, 45% considera que estos “amigotes” del “aventurero” recién se están “adaptando”. 30% considera -simplemente- que no “funcionan”. Sólo 15% cree que “funcionan” y 10% no sabe, no opina.

Para un tipo tan pusilánime como el “aventurero”, estas cifras son demoledoras. Se acabó la fantasía. El Perú no se “refundó” ni se “refundió” con la disolución. En realidad, no hubo ningún cambio esencial. Ahí están la delincuencia callejera, la corrupción en la administración pública, las bajas tasas de crecimiento económico, los males estructurales en la educación y la salud, etc.

Al país se lo ha engañado vil y miserablemente persuadiéndole que todos nuestros males estaban encarnados en el Congreso y cuando el “aventurero” “se lo cargara”, el país renacería. “¡A trabajar por el Perú!”, dijo el titular de un tabloide. Promotores de la disolución hablaron de “continuar” la agenda pendiente de la transición a la democracia en 2001. Los más ilusos (o idiotas) aplaudieron que “los malos” (los congresistas) fueran vencidos. ¿Dónde están ahora los inadaptados que lanzaron en la calle un cono de tránsito al ex congresista Carlos Tubino y quienes difundieron las imágenes por las redes sociales Facebook y Twitter y le dieron “Me gusta”?.

El principal engañador es el “aventurero”. No en vano 18% de quienes lo desaprueban crean que es “mentiroso” y 18% crea que “no gobierna”. Quizá por eso ha empezado a atacar a la Comisión Permanente del Congreso, pero no lo resultará igual que si fuera la Cámara disuelta. Por eso los “gobierneros” vuelven a levantar la bandera del anti-fujimorismo otra vez para anteponerla a un supuesto fujimorismo revanchista. El país se está hartando de la confrontación política.

Por supuesto, el “aventurero” no hubiese consumado el engaño sin medios de comunicación ni hombres o mujeres de la opinión pública, lisonjeros y cortesanos del poder, que representan la “corrupción periodística”.

Tarde o temprano los engañados exigirán cuentas a quienes les engañaron.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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