Empieza la tercera
semana del Estado de Emergencia y toque de queda en todo el Perú por la
pandemia viral COVID-19. Al duodécimo día, el Gobierno nacional de ese
“aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión
constitucional de 2018 decretó su prórroga por 13 días más a los 15 iniciales.
En
su rutinaria conferencia de prensa diaria, el “aventurero” dijo que un “consejo
de expertos” conformado un día antes (¿a quién rayos oyó los primeros diez días?)
le recomendó necesaria la prórroga para contener la expansión del virus. Sin
embargo, todos los días, con ese “pecho frío” propio de quien no siente empatía
por nadie, anuncia que la cifra de contagiados sigue subiendo (rápido), también
las de hospitalizados o fallecidos, cuando los hay.
Ya
el nuevo Ministro de Salud “se cargó” la vacunación contra la neumonía para
adultos mayores, la población más vulnerable al COVID-19. Del más de un millón
de muestras prometidas para la detección de la pandemia, sólo habrían llegado
cien mil. Encima dijo que tardarán una semana en probarlas y se duda seriamente
de la eficacia. No obstante, las únicas cifras contundentes de las cuales el
Gobierno parece enorgullecerse son los detenidos por violar el mentado
“aislamiento obligatorio”: miles y miles de personas, arrestadas por la Policía
Nacional y amenazadas con denuncias penales, a quienes los medios de
comunicación “estigmatizan” como culpables que el virus se siga expandiendo,
aunque en nadie en el Gobierno dice jamás si algún detenido está contagiado.
Mientras
tanto, el “aventurero” se ha puesto regalón. Ha liberado el dinero en las cuentas
CTS de bancos, entidades financieras y cajas de ahorro por cesantía, pero sólo
una quinta parte de trabajadores tiene ese beneficio y no es recomendable retirarlo.
Ha suspendido la aportación de abril al Sistema Privado de Pensiones para que el
monto se sume al salario, pero sería para fines de abril y sólo beneficia a una
minoría. También ha anunciado que se subsidiaría 35% del salario de quienes
ganen menos de 1,500 soles mensuales en el sector privado, cuyo beneficio será
para abril y minoritario. La improvisación no cesa. Por último, anunció una
transferencia millonaria a los gobiernos locales para comprar comida y
distribuirla a pobres y pobres extremos (ahí habrá una corrupción vomitiva que beneficiará
a un puñado de pillos) y un segundo bono de 380 soles para hogares urbanos
desfavorecidos, cuando ni siquiera termina la primera entrega. Sin contar que
la lista continúa incompleta y “agujereada”.
Aun
así, el Congreso aprobó mayoritariamente casi todo el pedido del Gobierno para
legislar por 45 (no 60) días. El “aventurero” concentra cada vez más poder. El
pedido es tan amplio que va desde política fiscal y tributaria, pasando por materia
sanitaria y promoción de inversión pública y privada, hasta legislación para
orden interno y protección de la cultura (¿?) y el turismo. Dudo que el
“aventurero” haga algo útil o bueno con las facultades legislativas.
Aunque
los medios de comunicación lo oculten, se empieza a notar cierta desesperación
de mucha gente. No de quienes tienen trabajo estable o dinero asegurado sino de
quienes ya no trabajan y se les acaba el dinero. Se calcula que pronto habrá un
millón de desempleados. Hay miedo a la pandemia y también al hambre. Muchas
personas necesitadas aún están dispuestas a acatar el “aislamiento”, porque
tienen la expectativa de recibir ayuda. ¿Qué pasará cuando el Gobierno los desengañe?.
Las semanas venideras serán cruciales. Si la cifra de contagiados no baja o no
se estabiliza, entonces ellos se preguntarán para qué tanto sacrificio. Mejor
morir del virus (que tan letal no es) que de hambre. Si por autorización del
Gobierno, el Ejército y la Policía Nacional responden a un mayor desacato del
Estado de Emergencia y el toque de queda con rifles de perdigones, gases
lacrimógenos o armas con balas de goma, la furia por impotencia y desespero
puede producir un “estallido social”, como no lo hemos visto nunca en este
país.
Que
Dios salve al Perú de caer al abismo.
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