La cantaleta de la bicameralidad


Mientras esperamos que en el conflicto de Fuerabamba con la empresa minera china MMG el Gobierno nacional restablezca el orden y defienda el imperio de la ley, hablemos de otro asunto.

El tema de la bicameralidad está hartando. Recientemente, la comisión presidencial para la reforma política, presidida por el sociólogo Fernando Tuesta, presentó un informe con recomendaciones y proyectos de ley más iniciativas de reforma constitucional. La principal de esas iniciativas es el retorno a la bicameralidad del Congreso (senadores y diputados), como hubo en el Perú hasta el golpe de estado del 05 de abril de 1992.

La Comisión Tuesta ha propuesto la celebración de elecciones primarias, el fin de la llamada “Ley seca” sobre venta de bebidas alcohólicas víspera de una votación (rezago del Perú pre-democrático), otra fecha para elecciones parlamentarias, que la Corte Suprema de Justicia levante la inmunidad parlamentaria “de proceso”, la reducción del plazo para publicar encuestas de intención de voto, aumento de un año al mandato regional y municipal, etc. Sin embargo, el debate lo copa -otra vez- la bicameralidad.

El año pasado hubo una propuesta de reforma constitucional sobre bicameralidad desde el Gobierno nacional y aprobada con enmiendas por el Congreso, pero que el “aventurero” Presidente de la República rechazó alegando estar en desacuerdo con las enmiendas, aunque sólo le interesaba obtener rédito político atacando al Congreso. Su Excelencia no estuvo solo: políticos, intelectuales y periodistas “progres” alentaron la opción del NO en el referéndum convocado para votar esta reforma constitucional y otras tres más. A diferencia de las demás preguntas en las cuales ganó el SI, en la pregunta sobre bicameralidad ganó abrumadoramente el NO y esa patota “progre” aplaudió a rabiar. Ahora alienta (re)iniciar el debate por el retorno a la bicameralidad.

Por supuesto, los promotores interesados del NO se excusan. Alegan que la ciudadanía no rechazó la bicameralidad como diseño parlamentario sino la propuesta (“desnaturalizada”, “contrabandeada”) de bicameralidad aprobada por el Congreso. Olvidan que en la cédula de sufragio había una simple pregunta de SI o NO a la bicameralidad. No se consultaba si se aprobaba o no una reforma constitucional con tales y cuales enmiendas. Además, excepto una minoría informada o ilustrada, el resto del electorado siguió la consigna del Presidente de la República y la patota “progre”: SI, SI, SI y NO.

Si no se convocara otro referéndum, sería “traición” a la voluntad popular expresada en las ánforas que el Congreso vote una nueva propuesta de bicameralidad bajo el mecanismo de las dos votaciones en dos legislaturas consecutivas. La Comisión Tuesta debió haber presentado una propuesta de unicameralidad reformada. ¿No podemos escapar de la dicotomía entre la bicameralidad esquiva y el status quo?.

Nota aparte: ¿cuándo el Alcalde de Lima se pondrá a gobernar?. Nadie lo ha votado para que conozca a los reyes de España, luche contra la anemia infantil ni lance campañas de educación cívica.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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