El retratado Martín Vizcarra ("ESPECIAL")


Paseaba por el recinto de la Feria Internacional del Libro en Lima y un libro me llamó la atención.

Escrito por la periodista Rafaella León, editora de la revista sabatina Somos del diario El Comercio, el título era: Vizcarra: retrato de un poder en construcción. Mejor dicho, un libro sobre el Presidente de la República. Me hubiera carcajeado si ese mismo día Su Excelencia no hubiese ido a Arequipa para la intención de “cargarse” el proyecto minero Tía María.

Este mes el Gobierno nacional otorgó el permiso a la empresa minera Southern Perú para iniciar el proyecto Tía María, aunque esperaría para la construcción del campamento minero hasta obtener la aceptación mayoritaria de los habitantes de Islay, una provincia agrícola y bastante pobre. Tía María significa mayores ingresos fiscales para Arequipa, obras sociales para Islay, creación de empleos para lugareños y crecimiento económico para el país. Sin embargo, se oponen agricultores arroceros y usuarios regantes, “rojos” anti-mineros y el Presidente Regional de Arequipa, quien convocó a un paro indefinido. Paro con la (delictiva) práctica de “bloquear carreteras”.

Los líderes de la protesta son unos gamberros y buscavidas, pero el presidente regional arequipeño es un infecto y energúmeno: “pechó” al Presidente de la República poniéndole un ultimátum (“¡72 horas para anular el permiso!”), que después extendió. Vino a Lima y dentro del Palacio Legislativo responsabilizó a Su Excelencia si hubiese muertos (quien los desea es él) y lo amenazó con pedir su destitución ante el Congreso. Por último, publicó un sucio mensaje a través de la red social Twitter llamando “traidor” al Presidente de la República, acusándolo -sin pruebas- de haber recibido dinero de Donald Trump (Presidente de los Estados Unidos), y “vomitando” su odio patológico contra el éxodo venezolano en el Perú.

Entonces Su Excelencia nos sorprendió viajando a Arequipa para reunirse con quien lo había insultado rastreramente más los presidentes regionales de Apurímac, Cusco, Madre de Dios, Moquegua y Tacna (el colega de Puno no asistió) y los alcaldes distritales más el alcalde provincial de Islay. En la reunión también estuvieron el Presidente del Consejo de Ministros y cinco ministros. Tras casi cuatro horas, el Presidente de la República dijo haber ido a “escuchar” (¿no a que lo escuchen?) y anunció que el Ministerio de Energía y Minas “revisará” el permiso a Southern (otorgado conforme a ley) tomándose una decisión final siete días útiles después. Exhortó a los manifestantes a “abrir” las carreteras pacíficamente para que los efectivos de la Policía Nacional se retiren también y llamaba a continuar el “diálogo”.

El apaciguamiento falló: las protestas en Islay siguen, los presidentes regionales sureños se han “envalentonado” y ahora pedirán una nueva Ley General de Minería (con un tufillo restrictivo hacia la actividad minera, obvio), el empresariado está desconcertado, se afectaría las perspectivas económicas del país al mediano plazo y la institucionalidad ha recibido un durísimo ataque de quienes -otra vez- desean imponer sus intereses particulares sobre el interés nacional.

¿A Su Excelencia le importa?. No. Al demonio con el país: sólo quiere estar en el poder. Es soberbio y fatuo. Miente como bellaco y es tan caradura que ni se inmuta. Por supuesto, la principal culpable que este cambalachero esté en el Palacio de Gobierno sin haber sido votado fue una mujer malvada, necia y berrinchuda de linaje nipón, cuyo nombre y apellido todos conocemos.

En lo personal, el Presidente de la República no es el “retrato de un poder en construcción” sino “el retrato de un aventurero en el poder”.


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