Fujimorismo, según Víctor Andrés Ponce


Tal vez lo conozcan. Posiblemente, lo han visto en televisión, oído en la radio o leído por prensa escrita, Internet y redes sociales defendiendo al fujimorismo. Se llama Víctor Andrés Ponce.

Nacido en 1964, Ponce asimiló el discurso marxista-leninista-revolucionario de la década de 1970. Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos durante la convulsionada década de 1980. Militó en la alianza Izquierda Unida dentro del Partido Unificado Mariateguista (PUM) del entonces senador Javier Diez Canseco, aunque Ponce pertenecía a la facción “los zorros” del sociólogo Santiago Pedraglio, opuesta a “los libios” de Diez Canseco.

Pedraglio recuerda a Ponce como “militante extremista”, casi “fanático”. Sin embargo, la violencia terrorista en el Perú y el final de la Unión Soviética y el bloque comunista de la Europa Oriental habrían producido la evolución de su pensamiento político. Ponce optó también por no ejercer la abogacía y dedicarse al periodismo y la literatura. Posteriormente, se vinculó al Instituto Libertad y Democracia del economista Hernando de Soto. En la actualidad, dirige el sitio web de opinión política y económica El Montonero.

Ponce tiene un agudo raciocinio dialéctico. Sabe el momento histórico que vive y vive el país. No tiene pasado fujimorista. Defiende la Transición en el año 2000, la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990. Es adversario de  los “rojos” y “rojimios”. Cree en los derechos humanos, el imperio de la ley y el libre mercado. Entonces, ¿por qué su cierra-filas con el fujimorismo, cada vez más lejos de esos ideales?.

Ponce cree que sólo el fujimorismo es una opción “liberal” (¿?) frente a otras opciones que no lo son decididamente y contra la amenaza de “rojos” y “rojimios”. Por eso las reiteradas y persistentes alusiones a “dialogar”, “pactar” o “acordar” con ellos.

Si estuviésemos en el año 2016, entendería el criterio de Ponce. No obstante, dos años después, tras la feroz confrontación política desde el Congreso que el fujimorismo desató debilitando y haciendo caer el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, habiéndose comportado los fujimoristas como “políticos acanallados” sin moral ni ética, no como “ciudadanos demócratas e institucionalistas”, y demostrando que el fujimorismo no tiene ideología sino intereses, la lógica de Ponce es absurda. 

En vez de señalar a quienes cree quieren la “guerra” y hacer defensas “guerreristas”, Ponce debiera preguntarse: ¿para qué ha servido la mayoría fujimorista en el Congreso?, ¿qué reforma importante impulsó?, ¿cuáles leyes importantísimas aprobaron?, ¿qué quedó del “Plan Perú” fujimorista de la campaña?, ¿de qué sirvieron las interpelaciones, censuras, acusaciones e investigaciones?, ¿de qué sirvieron tanto insulto, tanta demagogia, tanta soberbia, tanto alarde de poder?, ¿por qué el electorado castigó duramente al fujimorismo en las recientes elecciones municipales y regionales?.

Si Ponce lo hiciera, ya no sería el fujimorismo que él cree sino el verdadero.


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