Modelo y corrupción

Recientemente, viajaba a casa en automóvil y sintonicé en el dial FM, Radio Capital.

Eran las 7:00pm, más o menos. Empezaba el programa radial del periodista Christian Hudtwalcker. Polemista algo “acriollado”, no tiene la solidez intelectual o el estilo panfletario de otros personajes a quienes ustedes pueden oír en radio, pero es respetuoso y hasta gracioso. Ese día inició su programa hablando del “escándalo Odebrecht” y la investigación “Lava Jato” sobre la corrupción de las empresas constructoras brasileñas en el Perú entre 2005 y 2014, el tema del momento en todos los espacios de opinión política por radio y televisión.

Entonces, Hudtwalcker dijo algo que me sorprendió: el modelo económico heredado de la década de 1990 en el Perú, que en diecisiete años de democracia ha reducido la pobreza de la mitad a una cuarta parte de la población (¡falta!), ha sido el “causante” de la corrupción de las constructoras brasileñas Odebrecht, OAS, Andrade Gutiérrez y Camargo Correa y ningún economista quería “reconocerlo”. Aclaró ser partidario del libre mercado, la apertura comercial, la competencia y la libertad de empresa, pero habló de “la mafia del Ministerio de Economía y Finanzas”.

Hasta dónde sé, Hudtwalcker no es “rojo” o “rojimio”, pero su conclusión me recuerda al año 2001 cuando la izquierda radical intentó asociar la dictadura de Alberto Fujimori y la red de corrupción de su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, con el “maldito” modelo para justificar la vuelta al esquema populista-estatista-colectivista de las décadas de 1970 y 1980. Aunque ahora los “rojos” y “rojimios” no podrían hacer una asociación semejante con el “escándalo Odebrecht” (está manchando tanto a políticos de izquierda como de derecha), sí conviene algunas aclaraciones.

¿En qué consiste ese modelo heredado de la década de 1990?. Proposicionalmente, es la construcción social de una economía con mercados abiertos, precios y tarifas regidos por oferta y demanda, libre comercio e inversión privada. El economista estadounidense Milton Friedman sostenía que lo más importante en un modelo económico no eran los fundamentos teóricos que lo sustentan sino la función práctica que tiene. En nuestro caso, aunque los fundamentos teóricos de este modelo no son esencialmente liberales, lo que ha valido es la función práctica de haber reducido significativamente la pobreza y transformado una economía ruinosa y paupérrima en otra más productiva y próspera.

Licitaciones públicas “turbias”, contratos “amañados” y renegociados con adendas cuestionables, leyes particulares, influencia política sobre la regulación técnica, deficiente sistema de control de recursos públicos y una cultura empresarial aún con rasgos mercantilistas (además, influenciada por Brasil) son los elementos del “escándalo Odebrecht” y la trama “Lava Jato” en el Perú, pero no cuestionan el referido modelo, porque los fundamentos teóricos nunca han sido claros y la función práctica jamás varió: la pobreza sí se redujo.

Por ahora me quedo con las ocurrencias de Hudtwalkcer, no con sus análisis.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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