Nuevamente, Fujimori

 

Como si no fuese bastante el actual ambiente político, se le suma el Tribunal Constitucional.

Por cuatro votos a favor y dos votos singulares, los magistrados constitucionales señalaron que nada deben aclarar sobre un fallo relativo a un Hábeas Corpus para la excarcelación del ex dictador Alberto Fujimori, emitido a inicios del año pasado. Por tanto, remiten al Poder Judicial el cumplimiento o no del indulto humanitario que fuese otorgado a Fujimori en 2017 por el gobierno de Pedro Pablo Kucyznski.

Aplicando el “control de convencionalidad”, el indulto de 2017 fue dejado sin efecto por el Poder Judicial al año siguiente y Fujimori, quien había dejado la prisión de Barbadillo donde fue confinado tras su sentencia por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad en 2009, volvió tras las rejas. El año pasado, al conocerse la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Hábeas Corpus, deudos de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta y abogados defensores de derechos humanos consiguieron una medida cautelar de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que “suspendió” el fallo.

Ahora comienzan las interpretaciones: algunos juristas afirman que el juez en Ica al cual se la remitirá lo actuado por el Tribunal Constitucional debe ordenar la excarcelación de Fujimori, porque los magistrados constitucionales determinaron en 2022 que el indulto era procedente. Otros juristas señalan que el referido juez debe considerar la medida cautelar de la Corte, posterior a la sentencia del Tribunal Constitucional y jerárquicamente superior en el ordenamiento jurídico (según la Constitución de 1993), y ordenar el cierre de la causa.

Aunque quien escribe no ve políticamente mal la excarcelación del octogenario ex dictador, debe realizarse conforme al Derecho. Posiblemente, el Poder Judicial cerrará la causa y ahí quedará todo. No faltan quienes utilizan a un anciano enfermo para el tribalismo político en el cual Perú está sumido. Por un lado, la soberbia y ensimismada “progresía” limeña, esas elites supremacistas rabiosamente anti-fujimoristas, que bajo ningún motivo aceptaría la excarcelación de Fujimori y hasta amenaza a la Presidenta de la República si osa incumplir la medida cautelar supranacional.

Al otro lado, reaccionarios en sectores “de derecha”, a quienes Fujimori no les interesa sino destruir la odiada “progresía” limeña, amnistiar militares condenados por violaciones a los derechos humanos y reescribir la historia sobre la violencia terrorista entre 1980 y el año 2000. Creo la nota jocosa la puso el abogado Aldo Mariátegui al decir en su columna de opinión que los “progres” están “llenos de odio”, pero dudo muchísimo que él esté “lleno de amor”.

También dudo muchísimo que esta vez haya marchas callejeras anti-fujimoristas de protesta contra la excarcelación de Fujimori, como en 2017 y 2022. Gran parte de la ciudadanía no simpatiza hoy con el ex dictador, pero está harta del anti-fujimorismo: especialmente, “de izquierda”.

Después de veintitrés años de democracia, Fujimori ya es “historia antigua”. 

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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