No es informal, es infractor


A los medios de comunicación ha llamado la atención el alcalde de La Victoria, George Forsyth.

Hijo del diplomático Harold Forsyth, ex futbolista del club Alianza Lima, empresario y casado con la actriz Vanessa Terkes, George fue electo el año pasado en los comicios municipales y regionales. La Victoria no les es un municipio desconocido de Lima, porque entre 2011 y 2015 fue regidor distrital.

Fundada en 1920, La Victoria nació como un distrito obrero, pero hoy es un municipio residencial y comercial: hay viviendas, pero abundan las medianas y pequeñas empresas. Por largos años el gobierno local se ha caracterizado por el burocratismo, la corrupción y la ineficiencia. Seguridad, limpieza y ornato, etc., son labores pendientes de la administración municipal. Forsyth tiene intención de cumplirlas.

A cargo de Fiscalización y Control, Forsyth puso a la abogada y activista social Susel Paredes, quien estuvo en un puesto igual cuando Susana Villarán fue Alcaldesa de Lima entre 2011 y 2015. Susel (por quien tengo simpatías, no lo niego) es una mujer combativa y lo ha demostrado enfrentándose a las mafias dominantes en La Victoria: quienes cobran sobornos por estacionar vehículos, por “alquiler” de calles y veredas a vendedores ambulantes, por no clausurar negocios, etc. El cuerpo de efectivos del Serenazgo ha sido “purgado” de malos elementos.

Sin embargo, el principal reto de Forsyth y Paredes es el emporio comercial de Gamarra, el principal centro de confección y comercio textil del Perú. Las calles principales y adyacentes están tomadas por vendedores ambulantes hace mucho tiempo. Un breve recorrido y usted puede conocer que lo ocupan casi todo, perjudicando a los transeúntes y los negocios dentro de las numerosas galerías comerciales.

Nuestro sentido común nos diría que esos vendedores ambulantes son “informales”, que no pueden asumir los costos de la formalidad y a quienes las autoridades municipales deben “ayudar”. Ese sentido común viene de la “palabrería” que el economista Hernando de Soto le vendió al Perú en la década de 1980 con su libro El otro sendero. He ahí la raíz del problema: basta de esa actitud benevolente hacia el “informal”. En los Estados Unidos y Europa se le dice, sin tapujos, “infractor”.

Infractor, porque está violando normas. No interesa el motivo de la infracción. Infractor es infractor. De nada sirve bajarle el costo de formalidad sin subir el costo cero de la informalidad. De nada sirve prometer “formalizarlo”, porque el infractor no merece premios sino castigos.

El infractor no es una víctima o un héroe, como nos vendió De Soto. En el caso de los vendedores ambulantes del emporio comercial de Gamarra, ¿cómo podemos creer en la “cursilería palabrera” de De Soto sobre la informalidad cuando hemos visto que estos “informales” son capaces de reaccionar ante la autoridad municipal con cuchillos, varas, pistolas, puño limpio o violencia de gente lumpen?.

Esa actitud tan benevolente hacia el “informal” es contraria al imperio de la ley. Que Forsyth y Paredes lo entiendan si quieren vencer.


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