¿Es posible ser liberal y católico(a)?, ¿es posible
defender la libertad y profesar el catolicismo?. Sí y hay un antecedente en el
Perú: Francisco de Paula González Vigil.
Nacido en Tacna, en 1792, fue enviado a Arequipa
siendo niño para cursar estudios de Teología, Filosofía, Gramática y
Matemáticas en el Seminario de San Jerónimo. Entre sus maestros estuvieron el
sacerdote Francisco Xavier de Luna Pizarro y el poeta Mariano Melgar. En 1812
obtuvo un doctorado en Teología por la Real Universidad de San Antonio Abad. Se
convirtió en presbítero en 1819. Regresó a Tacna en 1823.
Fueron los agitados años de la Independencia, de los
cuales González Vigil no participó. Se dedicó a enseñar en Arequipa y beber las
ideas liberales provenientes de Europa. Junto al médico Hipólito Unanue, en
1825 fue elegido diputado por primera vez oponiéndose a la dictadura del
libertador Simón Bolívar. Dos años después fue reelegido diputado integrando el
Congreso General Constituyente, que aprobó la Constitución de 1828. En 1831
volvió a ser reelegido como diputado. En esa época obtuvo su doctorado en
Derecho por la Universidad del Gran Padre San Agustín en Arequipa.
En 1832 siendo Vicepresidente de la Cámara de
Diputados, González Vigil expresó un discurso contra la dictadura del mariscal
Agustín Gamarra por violar la Constitución de 1828 con su frase “¡Yo debo acusar y yo acuso!”. Como
diputado constituyente al año siguiente, firmó la Constitución de 1834 y aprobó
la confiscación de bienes eclesiásticos y el destierro del obispo de Arequipa,
monseñor José Sebastián de Goyeneche y Barreda. En 1835 fue elegido otra vez
diputado, pero el Congreso no pudo instalarse por la sublevación del general Felipe
Salaverry. Entre 1836 y 1838, y después de 1845, fue Director de la Biblioteca
Nacional. González Vigil fue ratificado diputado en 1851 y 1853, diputado
constituyente en 1855 y senador en 1866.
Más allá de la política, González Vigil fue un gran
divulgador de las ideas liberales y defensor del regalismo, propugnado la
autonomía del Estado y la secularización, rechazando las pretensiones de la
Iglesia Católica y la Santa Sede por aferrarse a privilegios medievales
heredados del Virreinato. Fueron famosas sus polémicas periodísticas con
Goyeneche, el deán Juan Gualberto Valdivia y el sacerdote Bartolomé Herrera,
adalides del catolicismo tradicional. También fue excomulgado tres veces por el
papa Pio IX.
González Vigil murió en 1875. Había designado la Isla
San Lorenzo como lugar de entierro, pero el presidente Manuel Pardo ordenó lo
sepultasen en el Cementerio Presbítero Matías Maestro en Lima. A pesar del
clero, una gran multitud lo despidió en el camposanto. Cien años después el
Vaticano le levantaría la excomunión y, posteriormente, sus restos fueron
trasladados a Tacna.
Injustamente valorado por el historiador jesuita Rubén
Vargas Ugarte, González Vigil es un personaje a valorar en estos tiempos de
“Marchas por la Vida”, “Con mis hijos no te metas” y otras expresiones de
fanatismo religioso e intolerancia.

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