Entorno tóxico

Por medios de comunicación estalló el escándalo del médico Carlos Moreno, quien fungía de asesor del Presidente de la República en salud pública. Antes que hiciese su “negociazo” con una clínica privada, el Seguro Integral de Salud (SIS) y el Arzobispado de Lima, renunció.

En este Perú aún tan cortesano y virreinal, personajes como Moreno siempre pululan alrededor del poder para beneficiarse personalmente o beneficiar a terceros. Uno célebre en nuestra Historia reciente fue el empresario Enrique León Velarde. Nacido en 1930 e hijo de un ex senador y una dama filántropa, estudió ingeniería agrónoma en Argentina y el Perú. Junto a sus hermanos era dueño de la hacienda Chavarría en el Valle de Bocanegra, cerca de Lima. Hoy el lugar son los distritos limeños de Los Olivos y San Martín de Porres.

Desde 1957 León Velarde tenía aspiraciones políticas. En 1962 fue electo diputado con Acción Popular. Cuando éste ordenó a senadores y diputados electos no asistir a la instalación del Congreso en protesta por el supuesto “fraude” en la elección presidencial, él y veintidós correligionarios desobedecieron y fueron expulsados. El golpe de estado de ese año le quitó la diputación. En 1966 fue electo Alcalde de San Martín de Porres.

Tras el golpe de estado de 1968, León Velarde se acercó a la dictadura del general Juan Velasco Alvarado y aprovechó esa proximidad al poder: consiguió títulos de propiedad predial para casi cuarenta mil familias en San Martín de Porres. Además, en tierras de la hacienda Chavarría, obtuvo la habilitación para urbanizar futuras zonas de Los Olivos como Covida, Sol de Oro, Las Palmeras, Mercurio, El Trébol, Villa Los Ángeles y Angélica Gamarra.

Aficionado a la hípica y miembro del Jockey Club, León Velarde era inescrupuloso y pícaro. Lideraba una “argolla” de bribones y oportunistas cercanos a Velasco apodada “altecos”, porque siempre estaban para el almuerzo, el té y la comida. Por su “facilidad” para conseguir habilitaciones urbanas y su presidencia de la extinta Mutual Metropolitana entre 1971 y 1974, el negocio inmobiliario lo terminó “forrando” en billete. Aunque Velasco llegó a nombrarlo dentro del Ministerio del Interior y el Banco de la Nación, siempre quiso la Alcaldía de Lima. No se atrevió a tanto, porque lo creía “pendejo”.

Con el intento de “socialización” de los grandes diarios nacionales en 1974, León Velarde empezó a perder influencia. Derrocado Velasco en 1975, la amistad siguió hasta que murió en 1977. Fue encarcelado breve tiempo por la “dicta-blanda” del general Francisco Morales Bermúdez en 1976. Al salir de prisión, marchó al exilio. Primero a Venezuela, después a los Estados Unidos. Regresó al Perú en 1982, pero ya había perdido fortuna y presencia política. Fue candidato a la Alcaldía de Lima en 1983, pero obtuvo poquísimos votos.

Olvidado, en el año 2000 León Velarde publicó un libro con sus confesiones personales “¿El Chino y yo jodimos al Perú?”. Murió en 2014.

Personajes como Moreno o León Velarde son parte de ese “entorno tóxico” que, por desgracia, todavía rodea al poder en el Perú.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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