Dos hechos
recientes han hecho trizas las ilusiones de buena parte de la izquierda radical
en el Perú.
Primero, la
alianza de la ex congresista Verónika Mendoza y su movimiento político con el
suspendido presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón. Es una alianza con
miras a los comicios para el nuevo Congreso en enero próximo. También incluye
al movimiento político de Yehude Simón, ex diputado, ex congresista, ex
presidente regional de Lambayeque y ex presidente del Consejo de Ministros. Sin
embargo, son Cerrón y su movimiento político la causa de la desilusión entre
varios “rojos” y “rojimios”.
Cerrón es
rendido admirador de la Cuba comunista y la Venezuela bolivariana. Es homófobos,
misógino, xenófobo y antisemita, pero también un condenado por corrupción. El
Ministerio Público y el Poder Judicial lo hallaron culpable de corrupción
administrativa durante su primer mandato en el Gobierno Regional de Junín. Ya
estuvo preso, pero hace poquito tiempo su condena fue variada a 3 años de
prisión suspendida. Sigue inhabilitado para ejercer cargo público.
Pronto los
ex congresistas “mendocistas” Horacio Zeballos y Richard Arce renunciaron.
Después le siguieron la ex congresista Marisa Glave y la aún congresista Indira
Huilca. La última en irse ha sido la ex congresista Tania Pariona. Propios y
extraños advierten que Mendoza perderá votos. No obstante, se mantiene “en sus
trece”: la alianza va, porque va. A quienes creyeron (ilusamente) que Mendoza
era una “izquierdista moderada”, una “rojimia”, casi una “progre”, una “política
moderna”, erraron: ella es una comunista afrancesada que se une a un comunista
estalinista por oportunismo y ambición de poder.
Otra ilusión
rota es Bolivia. Sin Venezuela, Brasil o Ecuador (Nicaragua, El Salvador, la
República Dominicana o Uruguay nos son lejanos), la Bolivia de Evo Morales se
convirtió en la referencia izquierdista en el Perú. Al fin de cuentas, estuvo
creciendo económicamente durante varios años por precios internacionales de los
minerales y el gas. Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina,
pero Morales aumentó el gasto público con subsidios, nacionalizaciones y
creación de empresas estatales. Ni una palabra de presos políticos, exiliados y
ataques a la libertad de expresión en Bolivia.
Sin
embargo, la bonanza pasó, el déficit fiscal sube desde 2014 (acabaría este año
en 8.9% del PBI), el endeudamiento externo se ha disparado y tipo de cambio
está “congelado” desde 2010 “quemando” las reservas internacionales. La pobreza
ha vuelto a aumentar. Es una bomba de tiempo económica en el futuro mediato.
Para colmo, Morales (llegado al poder en 2006) violó su Constitución de 2009 y “se
cargó” la voluntad popular expresada en un referéndum de 2016 que le impedía
ser candidato presidencial una vez más y ha perpetrado un “anforazo” (fraude
electoral) para obtener la esquiva tercera reelección. La izquierda radical
peruana, silencio.
En fin, no
son buenos momentos para ser “rojo” o “rojimio” en el Perú. ¿Todavía habrá
gente creyendo que la izquierda radical está en alza?.

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