¿La “reforma laboral” de Martín Vizcarra?


Tras la mención de “reforma laboral” por el Presidente de la República en la tradicional reunión de ejecutivos CADE, el tema vuelve al debate después de varios años.

Desde el retorno a la democracia en 2001 se habla de “reforma laboral”. Empresarios, economistas y políticos de derecha hablan de un mercado laboral “rígido” y “costoso”. Sindicalistas, abogados laboralistas y políticos “rojos” y “rojimios” gritan “precariedad”, “mayor fiscalización” o “defensa de derechos laborales”. Hoy, Su Excelencia pretende estar al medio, intentando contentar a todos, pero pudiendo no satisfacer a nadie.

En la década de 1990 hubo una reforma laboral con dos objetivos centrales: primero, eliminar trabas legales y bajar costos de despido de trabajadores. Segundo, impulsar la contratación de mano de obra. No se buscó un cambio integral, unificar normas u homogenizar beneficios. Incluso, para hacer viable los dos objetivos, se “incrementaron” algunos “derechos” que antes no existían. Fue una flexibilización light del mercado laboral.

¿Por qué no se avanzó más?. Entre los países de América Latina que flexibilizaron sus mercados laborales, el Perú tomó un camino intermedio. Tal vez por la barrera cultural. Durante decenios el APRA y el Partido Comunista “adoctrinaron” a los trabajadores e inculcaron en la población la creencia que el trabajador siempre es la parte débil en la relación laboral y la mejor manera de “protegerlo” era otorgarle “más derechos”. La máxima expresión de ese deseo fue la legislación laboral de la década de 1970 que garantizaba el “derecho a la estabilidad laboral”. En la década de 1980 se evidenciaron las consecuencias de ese disparate: por haber dejado de lado conceptos como producción, productividad y competitividad, la “estabilidad laboral” se convirtió en el privilegio de ciertos trabajadores sindicalizados, mientras el resto estaba en la informalidad.

No obstante, el elemento cultural es tan fuerte que “abortó” el efecto de la reforma laboral de la década de 1990 desde el inicio. La legislación varió parcialmente, pero los costos de despido volvieron a subir. En 2002 una polémica sentencia del Tribunal Constitucional impuso una “traba” al promover la “restitución” del trabajador despido más allá de las causales legales. Así llegamos al presente.

¿Cómo debiera ser una reforma laboral?. Primero, debe reducir al mínimo las decenas de regímenes especiales. Segundo, adaptar el régimen general a los ciclos económicos y las nociones de producción, productividad y competitividad de las empresas. Para eso, fundamentalmente, debe bajarse al máximo los costos de despido. Nada de reducir o eliminar beneficios actuales (costos salariales) del trabajador.

¿Cree usted que el Presidente de la República, obsesionado con su alta popularidad, quien se ha quedado sin Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo (renunció por las declaraciones del CADE), liderará una reforma laboral no influenciada por el empresariado, no presionada por los sindicatos y contraria a la creencia popular?.

En lo personal, lo dudo.


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