El Presidente de la República ha
anunciado medidas para impulsar el crecimiento económico y, de inmediato,
arreciaron las críticas.
Esas críticas provienen del APRA,
el fujimorismo y quienes se consideran opositores al Gobierno nacional. Estos
sectores hablan de “desaceleración de la economía” y alarman a la ciudadanía
diciendo que “todas las inversiones están paralizadas” y “peligra las clases
medias” (palabras del periodista Hugo Guerra), que ya alcanzan 2/3 de la
población. Sin embargo, el Banco Mundial ha proyectado que el Perú será el país
latinoamericano de mayor crecimiento económico entre 2015 y 2016, tras Panamá y
por encima de Colombia, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Brasil. Las tasas de
crecimiento peruanas estarían entre 5,6% y 6% del PBI, en parte por la caída de
los precios de commodities en el
mercado mundial y el bajo crecimiento económico de los Estados Unidos y China.
La Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL) señaló que el Perú junto a Panamá, Bolivia,
Ecuador, Nicaragua y República Dominicana tendrán en 2014 crecimientos iguales
o superiores a 5%. Brasil, México y Argentina tendrán tasas de crecimiento de
2,3%, 3% y 1%, respectivamente.
Su Excelencia anunció: a)
Reformas a la administración tributaria. b) Mayor promoción de la inversión
privada en minería, hidrocarburos y telecomunicaciones. c) Reducción de sobre-costos
mediante la simplificación de trámites burocráticos y eliminación de incentivos
perversos en la aplicación de sanciones. d) Modificación a la Ley de
Contratación del Estado de 2008 y la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo de
2011. Además, el Ministro de Economía y Finanzas exigió que no haya “campañas para generar desconfianza en la
economía”.
Todos los críticos señalan que
antes el Perú crecía a tasas de 9% ó 10%, pero olvidan o ignoran que ninguna
economía crece todo el tiempo. De acuerdo con los ciclos económicos, la
economía puede crecer, paralizarse, recuperarse y decrecer. La política
económica debe permitir que los ciclos fluyan rápidamente, no evitarlos.
Para actuar como “abogado(a) del
diablo”, durante los tres primeros años, la prioridad del Presidente de la
República y su Gobierno no fue la economía y sino la política social. Se contentaron
con “mantener la herencia” de los gobiernos de Valentín Paniagua, Alejandro
Toledo y Alan García, en lo posible. A fin de cuentas, a duras penas, Su
Excelencia recién ha aprendido la función del mercado y el rol del Estado en la
creación de riqueza en la sociedad.
Durante estos tres años se
aumentaron los impuestos, se “engordó” la regulación ambiental y se volvió más
rígido el mercado laboral. También hubo “tibieza” en la promoción de la
inversión privada y lentitud en la ejecución de la inversión pública. Sin
embargo, para esos furibundos críticos, desde la implementación del mecanismo
de la “consulta previa” a comunidades campesinas y nativas en 2012 para la
realización de actividades extractivas, la economía se ha “paralizado”.
Politizar la economía es la mejor
forma de afectar el crecimiento económico.


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