Como esperábamos el Congreso aprobó la cuestión de
confianza a la nueva Presidenta del Consejo de Ministros.
El fujimorismo, los oficialistas, el APRA, Acción
Popular y Alianza por el Progreso votaron a favor. Los “rojos”, tanto “aranistas”
(por el ex sacerdote católico Marco Arana) como “mendocistas” (por la ex
congresista Verónika Mendoza), hicieron show
y votaron en contra. Obvio, si hubiese habido la segunda negación de una
cuestión de confianza, el Presidente de la República hubiera disuelto
constitucional la Cámara y convocado nuevas elecciones parlamentarias. Respecto
al posible pedido de facultades legislativas para el Poder Ejecutivo en
economía y defensa civil podemos hablar en otro artículo.
Mientras tanto, la Comisión de Defensa y Orden Interno
aprobó un proyecto de ley que pasaría pronto a debate en la Cámara. Iniciativa
del congresista Carlos Tubino (el periodista Humberto “Beto” Ortiz lo apodó “Tío
monopolio”) para que militares y policías presos por delitos cometidos durante
la lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso y el Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en las décadas de 1980 y 1990 cumplan sus
condenas en “cárceles castrenses”. ¡Qué lindo se oye cuando Tubino y otros
congresistas que votaron a favor dicen que es necesario “proteger” a esos
militares y policías que “arriesgaron sus vidas” luchando contra los
terroristas.
Sin embargo, el dictamen es tramposo. ¿Quiénes son
esos militares y policías presos por haber cometido delitos durante la lucha
antiterrorista?. Pues a quienes el Ministerio Público y el Poder Judicial
declararon culpables por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa
humanidad. Nadie o casi nadie está preso por “delitos de función” (contra las
normas de conducta militar y policial) durante la época del terrorismo. Este
proyecto de ley es repugnante.
Personajes como Tubino (también, por ejemplo, la
periodista Diana Seminario) están convirtiendo la historia de la lucha
antiterrorista (narrada tanto en el Informe final de la Comisión de la Verdad y
Reconciliación como en el texto oficial militar En honor a la verdad) en
un “fetiche militarista”. Es como si al oír la frase “lucha antiterrorista”, el
corazón empezara a latirles más rápido, el rostro se les enrojeciera cantando
nuestro Himno Nacional, no resistieran hacer el saludo castrense y no
aguantaran las ganas de marchar a paso de ganso, sin importarles si delante
patean algo o a alguien.
El militarismo ha sido “veneno” en la historia del
Perú (en 1872 el presidente Manuel Pardo decía que las primeras víctimas del
militarismo son los militares) y la violencia terrorista fue derrotada,
fundamentalmente, porque nuestra sociedad dijo NO todos los días a los
senderistas y emerretistas cuando, pese a todo, intentaba hacer una vida lo más
normal posible.
Esta iniciativa no sólo es contraria a la igualdad
ante la ley sino intenta que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional amparen
a quienes ensuciaron con sangre el sagrado uniforme de la Patria y pervirtieron
las armas que la Nación les dio para defenderla.

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