Aparecida al calor de las protestas callejeras contra el gobierno de Manuel Merino hasta provocar su caída (“¡Se han metido con la generación equivocada!”), la llamada “Generación del Bicentenario” cuentan con la reverencia de los medios de comunicación, la opinión pública y los políticos. Incluso el Presidente de la República la menciona cada vez que puede en algún discurso oficial.
¿Quién conforman la “Generación”?, ¿en qué creen?, ¿qué podemos esperar de ésta como país?. Vayamos por partes: pertenecerían a la “Generación del Bicentenario” chicos y chicas nacidos a partir del año 2000 o algunos años antes de ese momento. Tendrían entre 17 a 24 años de edad. Todos crecieron bajo la democracia restaurada en 2001 y disfrutaron –más o menos- de la relativa prosperidad por el modelo económico heredado de la década de 1990. No han vivido mayormente las penurias, los sacrificios y el miedo de las generaciones anteriores, que enfrentaron la hiperinflación, la escasez, el desabastecimiento y la pauperización de la sociedad ni la violencia terrorista de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en el país.
También han crecido en el mundo digital: tienen teléfonos inteligentes. Navegar por Internet. Tienen cuentas en las redes sociales Facebook, Twitter, Instagram o Tik Tok. Han jugado videojuegos en línea. Sus referencias informativas o formadoras de opinión son el periodista Marco Sifuentes o la psicóloga social Patricia Gamarra (hija del ex diputado y ex congresista Ernesto Gamarra) y los portales web noticiosos Wayka (parte del grupo La República), Utero.pe o IDL-Reporteros.
Aunque muchos no profesan una ideología o doctrina política, son “políticamente correctos”. Moralistas. Podrán ser buenos en alguna profesión o algún oficio, pero poco o nada saben sobre el Perú, su historia, su cultura, sus tradiciones, sus problemas. Quizá crean que amar al Perú es vestir la camiseta de la selección nacional de fútbol y gritar los goles de algún astro futbolero.
Hijos de la guerra político-ideológica iniciada en 2016 por doña Keiko F., ex congresista y lideresa del fujimorismo, contra el gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki. Por eso son anti-fujimoristas viscerales. Ese odio se extiende al APRA. Alegan detestar la corrupción y los corruptos, pero se creyeron la narrativa cínica de ese “alacrán” que estuvo 30 meses metido en el Palacio de Gobierno, amplificada interesadamente por los medios de comunicación afines, sobre que él luchaba contra la corrupción. Tienen una perspectiva judicializada de la política.
No obstante, la “Generación” sería híper-polítizada. Poco o nada tolerante con opiniones disidentes. Arrogante. Convencida que lo anterior a ésta no vale. Por eso las alusiones despectivas a “corrupto” o “viejo lesbiano”. Persuadida que es la vanguardia regeneradora del país, está ciega y sorda para percatarse que han sido peones y alfiles en el ajedrez político de poderosos jugadores.
Como integrante
de varias generaciones anteriores, personalmente, la “Generación del Bicentenario”
me aterra.
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