El polémico general Daniel
Urresti dejó el Ministerio del Interior junto con otros ministros que
abandonaron el gabinete. La juramentación de su sucesor en el Palacio de
Gobierno fue opacada por su apabullante presencia ante reporteros y camarógrafos.
Según la última encuesta de
opinión de CPI, era el ministro más popular: 42% de aprobación. Si la
Presidenta del Consejo de Ministros no iba a renunciar, el Presidente de la
República habría considerado retirar a Urresti para evitar que esa popularidad
merme por el desprestigio de su Gobierno. Cree sería buen candidato
presidencial del Partido Nacionalista para las elecciones generales del próximo
año.
¿Por qué es popular Urresti?. Porque
un considerable número de peruanos y peruanas percibió que como Ministro del
Interior sí enfrentaba la inseguridad: organizando constantes operativos policiales,
reprendiendo públicamente a la Policía Nacional, acompañando a policías en
labores por distintos lugares del país, etc. Mejor dicho, mucha gente vio a un hombre
de acción, no a un burócrata acomodado o un intelectual soñador. Según estadísticas
policiales, Urresti tuvo algunos éxitos en reducción de la criminalidad durante
los ocho meses en el cargo, pero logró parcialmente dar la sensación que “se
estaba haciendo algo”.
Hay más elementos: Urresti es
transparente en su conducta. No es el político que estudia todos y cada uno de
sus gestos para atraer simpatizantes y conseguir votos (eso preocupa al “dueño”
del APRA) sino un sujeto simple, poco sofisticado, algo acriollado. Trabajador
y esmerado, que no se calla (eso detestan los influyentes periodistas) si cree
que debe hablar. Ajeno a lujos, celoso protector de su familia. Alguien “común
y corriente”. De acuerdo con el viejo periodista César Hildebrandt, habría que
añadir la trayectoria personal: viene de familia modesta y trabajó en distintos
oficios antes de ingresar a la Escuela Militar de Chorrillos.
El politólogo Carlos Meléndez esbozó
la (gastada) teoría del “outsider” para 2016, pero con una variante: el nuevo
candidato anti-sistema ya no querrá destruir el modelo económico heredado de la
década de 1990, pero sí “ordenar” la democracia restaurada en 2001. Querrá
poner mucho énfasis en la autoridad hasta donde la ley permite, o incluso más
allá. Urresti encaja perfectamente y así también lo cree Hildebrandt. Que lo
investigue el Poder Judicial en el asesinato del periodista Hugo Bustíos
ocurrida en 1988 cuando era oficial en Ayacucho durante la lucha antiterrorista,
no inmuta demasiado.
Se rumorea que el publicista
brasileño Belisario Wermus (Luis Favre), amigo cercano de Su Excelencia, ya
está estudiando la performance de Urresti. Al menos, se busca que pueda
impulsar una amplia lista parlamentaria, aunque no se descarta que llegase a la
segunda vuelta electoral presidencial.
¿De qué depende el potencial de
Urresti?. Que esté vigente en la opinión pública, logre encarnar los “logros”
del Gobierno nacional y se aleje creíblemente de los actuales escándalos
políticos. Sí lo lograse, sí sería presidenciable.

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