Primero fueron huevos contra el candidato
presidencial del APRA y el Partido Popular Cristiano y después contra el
empresario César Acuña, ex congresista, ex presidente regional de La Libertad y
hasta hace poco candidato presidencial.
Sin embargo, la violencia ya escaló durante esta
campaña electoral: la noche del pasado jueves 10 de marzo en Cusco el mitin de
la candidata presidencial Keiko F., ex congresista e hija mayor del encarcelado
ex dictador Alberto Fujimori, fue bruscamente interrumpido por una turba de
decenas de manifestantes que atacaron a los asistentes con botellas de vidrio y
piedras. Efectivos de la Policía Nacional evitaron que los fujimoristas
respondieran con contra-violencia. Rápidamente, los policías retiraron del
lugar a Doña Keiko.
La violencia no ha sido condenada como debiera. Salvo
excepciones (ejemplo, la periodista Mariella Balbi), hombres o mujeres de
prensa no rechazan rotundamente la intolerancia política que está
desencadenando actos vandálicos y puede correr sangre. Supongo que algunos de
esos salvajes son de la Universidad Nacional San Antonio Abad, nido de rojerío “cusqueñista”.
Fue oportunista el intento del ex diputado y escritor Alfredo Barrenechea,
candidato presidencial de Acción Popular, por opacar la violencia
anti-fujimorista con su denuncia de acciopopulistas golpeados por fujimoristas con
“complicidad” policial. Que la congresista Verónika Mendoza, la candidata
presidencial de izquierda radical, le “enorgullezca” la violencia en Cusco (defendió
otra vez la “dictadura” de Nicolás Maduro en Venezuela) demuestra su baja
catadura moral.
Al día siguiente, viernes, por las redes sociales Facebook y Twitter se convocó una masiva manifestación “anti-Keiko” por el
Centro de Lima hasta desembocar en la sede del Jurado Nacional de Elecciones y
la emblemática Plaza San Martín. Infaltable universitarios “rojos” y colectivos
de izquierda radical: todos gritando consignas e insultos contra la candidata y
exigiendo sea sacada de la contienda electoral. Más gasolina a las llamas. Ahí
están los mensajes de la periodista Claudia Cisneros (“rojaza” hasta los
huesos), desafiante alabando la manifestación. No le importó que allí estuviera
el Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), la
facción “acuerdista” del terrorista Sendero Luminoso. Acabar con Doña Keiko es
la meta.
La argolla política (la fallida candidatura
presidencial del economista Julio Guzmán, ex viceministro de Industria y PYMES,
fue pieza más del engrane), intelectual, periodística y activista, “roja” y “rojimia”,
que se ha creído “dueña” de la democracia desde 2001, está alentando en el país
la crispación, el antagonismo y el desprecio al imperio de la ley sino sirve para
evitar el triunfo fujimorista el 10 de abril, día de las elecciones generales.
No apoyo a Doña Keiko (acusar al Gobierno nacional
por los sucesos de Cusco no me ha gustado), porque sólo me interesa una campaña
electoral pacífica y serena. Está en peligro el futuro del país, sí. Si en el
presente no se condena la violencia.

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