Iba a hablar de otro tema..., pero la tiránica
actualidad.
En el transcurso de la semana, el Tribunal Supremo
de Justicia en Venezuela emitió dos sentencias. Una, violando la Constitución
de 1999, quita la inmunidad de los diputados a la Asamblea Nacional, dominada
desde el año pasado por la “oposición democrática”. La segunda, despoja a la
Asamblea Nacional de todas las facultades que la Constitución de 1999 le otorga
pretextando el “desacato” (figura constitucional inexistente) y las asume la Sala
Constitucional del mismo tribunal o a quien ésta le encargara. Los autores de ambas
sentencias son adictos a la Revolución Bolivariana.
Hay otras cincuenta sentencias anteriores de la Sala
Constitucional contra la Asamblea Nacional, que pretendió actuar como un
Parlamento autónomo como si Venezuela fuera una democracia cuando hace mucho
tiempo dejo de serlo. Al menos, desde 2013 cuando Nicolás Maduro se instaló en
el poder, tras la muerte del ex teniente coronel Hugo Chávez, violando la Constitución
de 1999 y celebrando una elección presidencial bastante “sucia” para “elegirse”.
El Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General
de la República, la Defensoría del Pueblo, la Contraloría General de la
República, la Procuraduría General de la República, el Consejo Nacional
Electoral, la Fuerza Armada Nacional, la Guardia Nacional..., etc., todo está
dominado por los adictos a la Revolución Bolivariana, que promovió Chávez,
encarama a Maduro y viola sistemáticamente la Constitución de 1999. Si agregamos
la inflación galopante, la escasez y desabastecimiento de alimentos y
medicinas, la destrucción del aparato productivo, la monstruosa delincuencia,
la represión, los presos políticos, la censura o auto-censura, la emigración
creciente, etc., el panorama venezolano es desolador.
En el Perú la condena es casi unánime. El Presidente
de la República y su Gobierno han retirado permanentemente al embajador peruano
en Caracas. En el Congreso todos los partidos políticos han condenado el hecho. Incluso congresistas del Frente Amplio, la facción de izquierda radical
con representación parlamentaria, quienes se caracterizaban por apoyar y simpatizar con
la Revolución Bolivariana. También hay condena desde los medios de
comunicación.
Habrá reunión extraordinaria urgente de la
Organización de Estados Americanos (OEA) y gran parte de la comunidad
internacional pide aplicar la Carta Democrática Interamericana, firmada en Lima
en 2001, creada y promovida por el gobierno de Valentín Paniagua para prevenir
y sancionar actos semejantes o similares al golpe de estado del 05 de abril de
1992. Por supuesto, lo que ha acontecido en Venezuela no es igual a lo que
ocurrió en el Perú entonces. El contexto era diferente, las circunstancias eran
otras y los métodos fueron distintos, pero el propósito es el mismo:
centralizar el poder en una persona o grupo de personas violando las normas,
destrozando la institucionalidad y desconociendo la voluntad popular.
Que pase después, no sé. Sé que hoy el Perú está por
la democracia en Venezuela.

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