Amenaza equivocada


Un temor cunde en sectores de derecha moderada y la derecha conservadora en el Perú actual.

A consecuencia de la elección al nuevo Congreso, convocada para enero próximo por ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 tras decretar la disolución de la Cámara, la izquierda radical “arrasaría” en los comicios y tendría una mayoría absoluta peligrando -si no peligra ya- la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990.

¿Es fundado ese temor?. Para las elecciones generales de 2016, gran parte de la izquierda radical se aglutinó entorno al movimiento político del ex sacerdote católico Marco Arana. Arana se encargó de apartar a cualquier elemento díscolo con su liderazgo en la alianza política fundada (“Frente Amplio”), pero cometió un error táctico: convocó comicios primarios para la candidatura presidencial. Creyó ganarlos, pero le salió al frente la entonces congresista Verónika Mendoza y ganó. Tal vez como una compensación, Mendoza, rostro nuevo, algo fresco, bastante afrancesado y tanto novedoso, comenzó a subir en intención de voto.

En las semanas finales al día de la votación, Mendoza se proyectaba a disputar la segunda vuelta electoral con doña Keiko F., ex congresista y candidata presidencial del fujimorismo. Hasta el momento, el discurso de Mendoza fue “suave”, pero entonces se “endureció”. Era previsible, es “rojaza” hasta la médula. Incluso Doña Keiko quería ir al ballotage con ella, porque sabía que su “moderación” era temporal y le favorecería al triunfo. Al final, Mendoza obtuvo alrededor de 19% de votos válidos y quedó fuera, pero la lista parlamentaria alcanzó 20 escaños en el Congreso. Fue la bancada “roja” más numerosa desde la década de 1980.

Hoy la situación es distinta: Mendoza y Arana están separados. Mendoza tiene su propia facción de izquierda radical (“Nuevo Perú”), aliada con otros “rojos”. Arana no está dispuesto a compartir liderazgo con nadie. Falta cohesión y los “rojos” están partidariamente más divididos que antes. Los discursos son más “dogmáticos” (¡nueva Constitución!) que populistas. Encima, se han negado sistemáticamente a “romper” con la Cuba comunista y la Venezuela bolivariana, impopulares en el Perú. Para colmo, aunque estén envalentonados, Mendoza ni Arana son bien valorados como figuras políticas. Están desacreditados, como el resto de la clase política peruana, pero ellos no se den por aludidos. Con estos lastres, ¿de verdad la izquierda radical puede “arrasar” en la elección parlamentaria de enero?.

Por último, ese temor sólo beneficia al “aventurero”, quien no está aliado con la izquierda radical sino con sus “incondicionales”, como demostró el nuevo gabinete ministerial. Por estar hablando de los “rojos”, casi nadie toma en cuenta que el “aventurero” hará todo lo que pueda para tener “su” mayoría parlamentaria, que le posibilite la candidatura presidencial en 2021.

Que en la derecha moderada y la derecha conservadora replanteen sus estrategias políticas, porque se equivocan de amenaza.


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