El Perú en las sombras ("ESPECIAL")


30 de septiembre de 2019.

Ese “aventurero”, inútil y pleitista, quien asumió la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018, se valió de una “interpretación jurídica antojadiza” (la teoría de lo “factico”) para “torcer” el imperio de la ley y “pervertir” las instituciones. No es un golpe de estado: no como el 05 de abril de 1992. Los sucesos históricos no se repiten, pero pueden parecerse.

El “invasor” del Palacio de Gobierno “usurpó” la atribución condicionada de disolver el Congreso y convocar a elecciones parlamentarias. Ya había amenazado el domingo anterior con la disolución si la Cámara no le aprobaba una cuestión de confianza que su Presidente del Consejo de Ministros presentaría al día siguiente para impedir que ésta nombre los magistrados del Tribunal Constitucional con mandato vencido. Quería que la cuestión de confianza atada a una reforma de la ley orgánica fuera votada en la mañana antes de los nombramientos. El Congreso no aceptó y postergó la votación para la tarde. Cuando la Cámara debatía y votaba a favor de la cuestión de confianza, el “aventurero” dijo en Mensaje a la Nación que él “interpretaba” que la confianza fue negada en la mañana: primera violación constitucional. Alegando era la segunda vez (la primera fue en 2017, durante el mismo mandato presidencial), decretó la disolución. Segunda violación constitucional.

Antes que fuera publicado en el diario oficial El Peruano el decreto supremo de la disolución, el Congreso (sin los “rojos”) votó la suspensión temporal del “usurpador” y juramentó a Mercedes Aráoz como “presidenta interina”, aunque después renunciaría. Sin embargo, el diario oficial (por orden del “aventurero”) se ha negado a publicar todas las resoluciones legislativas aprobadas antes del decreto disolvente. Ese decreto sólo fue refrendado por su nuevo Presidente del Consejo de Ministros y nadie más: tercera violación constitucional. Para colmo, el “usurpador” reunió en el Palacio de Gobierno al alto mando militar y policial y lo forzó a “pronunciarse” a su favor. Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional no son deliberantes: cuarta violación constitucional.

Por ahora la Comisión Permanente entra en funciones hasta la instalación del nuevo Congreso. Son horas inciertas y cunden las pasiones políticas. La disolución es aplaudida por la gran mayoría de la ciudadanía. Hubo manifestaciones a favor en Lima, Huancayo, Cusco, Arequipa, Huaraz, Chimbote Puno y Moquegua. Eran sindicatos, universitarios y colectivos ciudadanos “rojos”. La izquierda radical está feliz y entusiasta. Cree que el “aventurero” le abrirá las puertas del poder, pero se equivoca. Esas puertas están cerradas con él adentro. La “progresía” vive un sueño. Cree que acabó con sus enemigos políticos, pero muy pronto “chocará” con el deseo de perpetuarse en el poder del “usurpador”. Ya descubrirán estos “lelos” cuán inescrupuloso es el “aventurero”.

El Ministerio Público, el Poder Judicial, la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Constitucional, el Jurado Nacional de Elecciones, etc., siguen funcionando. No hay censura y no todos los medios de comunicación están con el “aventurero”. No hay detenidos ni presencia castrense en las calles. Hay muchos políticos y juristas cuestionando la disolución. Tampoco hay respaldo empresarial. En los siguientes cuatro meses, el “usurpador” promulgará los decretos de urgencia (incluido el nuevo presupuesto público) para la “farra fiscal” que le garantice ganar la elección parlamentaria. Ya ganada, presentará al nuevo Congreso la reforma constitucional que habilite su candidatura presidencial para 2021. La oposición debe ser firme, coherente y realista. No más cortoplacismo.

La democracia restaurada en 2001 ha sido “trastocada” en su esencia. El “aventurero” (a quien nadie eligió, directamente) “se cargó” la voluntad popular expresada en las urnas en 2016 y nada asegura no lo repetirá en el futuro. Tontos quienes estén celebrando. Nada hay que celebrar.


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