Las censuras parlamentarias no son nuevas en el
Perú. Antes de las constituciones de 1979 y 1993 las mociones de censuras eran
frecuentes y polémicas. Veamos.
En 1964 la Cámara de Diputados censuró al ministro
de Gobierno y Policía, Juan Languasco, por la tragedia del Estadio Nacional,
donde murieron más de trescientas personas. No había responsabilidad política,
pero la mayoría parlamentaria del APRA y la Unión Nacional Odriísta se la “otorgó”.
Así pasó ese año con el ministro de Educación, Francisco Miro Quesada, cuando
la misma mayoría lo censuró por una transferencia presupuestal “irregular” y
-aunque no lo crea- por ¡no despedirse de los diputados!. En 1966 la mayoría
aprista-odriísta en el Senado censuró al ministro de Educación, Carlos Cueto
Fernandini (uno de los más ilustres pedagogos peruanos), por decir a los
senadores que no lo estaban entiendo durante la interpelación por un problema
de “semántica”. También esa mayoría censuró al ministro de Justicia y Culto,
Valentín Paniagua, por no explicar bien el proyecto de Código de Procedimientos
Penales.
En 1901 la Cámara de Diputados censuró al presidente
del Consejo de Ministros, Domingo Almenara, provocando la caída del gabinete.
El diputado Mariano H. Cornejo abogó por la censura. La excusa era el
nombramiento de alcaldes por la junta de notables, pero la motivación era el
odio contra el Partido Civil (la oligarquía) y el presidente Eduardo López de
Romaña. Al año siguiente caería el gabinete presidido por el filósofo Alejandro
Deustua. El pretexto fueron las negociaciones con Ecuador por la delimitación
territorial, pero era sólo la lucha dentro del Partido Demócrata por demostrar
quién era más duro con los civilistas.
Algunas veces los titulares ministeriales no querían
someterse a la censura cuando la creían injusta. En 1945 el ministro de
Agricultura, Enrique Basombrío, fue increpado durante la interpelación en la
Cámara de Diputados por el diputado del APRA Alfredo Saco que desconociera el
precio regulado de los pallares en Ica y Lima. Reconoció que no sabía, pero la
mayoría aprista quiso votar su censura. Aunque el mito político dice que fue
censurado, Basombrío renunció antes para salvar su trayectoria política y
profesional.
También hubo resistencias a la censura. En 1867, tras
abogar el diputado Fernando Casós y otros por la libertad de culto (religioso) en
el Congreso Constituyente, una turba opositora apedreó a un diputado. Se exigió
la presencia del presidente del Consejo de Ministros, monseñor Pedro José
Tordoya y Montoya (el “Gabinete Tiberiópolis”) y sus ministros. Casós atacó al
ministro de Gobierno, Juan Miguel Gálvez, tildándolo de encubridor del ataque.
Hasta se insinuó que monseñor Tordoya había azuzado a la población. Antes de la
inminente censura, el gabinete renunció. Aunque el coronel Mariano Ignacio
Prado no quiso aceptar las renuncias, los ministros prefirieron irse.
¿Cómo se resolverá esta crisis política entre el
Presidente de la República y el Congreso por la moción de censura presentada
contra el Ministro de Educación?. Veremos.

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