Este artículo es una carta abierta a doña Keiko F., hija mayor del ex dictador Alberto Fujimori, ex congresista, dos veces candidata presidencial y lideresa del fujimorismo.
La semana anterior, Doña Keiko publicó en su cuenta de la red social Twitter el siguiente mensaje: “Una nueva era necesita nuevos rostros, ustedes, los alumnos de la escuela, son los llamados a ser parte de una nueva generación naranja, bajo el liderazgo histórico de Alberto Fujimori y mi retorno 100 % activo a Fuerza Popular. Podemos volver a superar, más unidos que nunca las grandes dificultades que la historia del Perú vuelve a poner frente al fujimorismo. Felicitaciones a todos los alumnos de la Escuela Naranja”. Posteriormente, añadió en otro mensaje: “Estamos iniciando una nueva etapa que busca recabar la historia, contarla y ponerla a disposición de todos. (..) Para nosotros es un momento crucial para darle una mirada sincera a lo que hicimos bien, pero sobre todo a lo que podemos mejorar”.
No tenía nada contra Doña Keiko. Nunca voté por ella, pero tampoco en su contra. Cuando fue candidata para las elecciones generales de 2016, creí sinceramente en la imagen centrista y sensata que intentó proyectar, pero después -como mucha gente- descubrí que era una pose disforzada. Quiero compadecerme por cómo Doña Keiko cayó tan bajo en política después de haber subido tan alto, pero cada vez que recuerdo el por qué tenemos a ese “aventurero” en la Presidencia de la República tras la sucesión constitucional de 2018, no puedo.
Díganos Doña Keiko, ¿no tiene usted nada de por qué arrepentirse en los últimos cuatro años?, ¿cree usted que todo lo hizo bien?. ¿Por qué no cuenta esos “nuevos rostros”, las “nuevas generaciones”, cómo usted actuó como “niña berrinchuda”, mal aconsejada por sus impresentables asesores Ana Vega y Pierre Figari, y rehusó aceptar su (ajustada) derrota electoral?.
Por favor, cuéntele a los alumnos de su “Escuela Naranja” qué ocurrió con su “Plan Perú”, que usted prometió convertir en leyes desde el Congreso. Cuentéeles cómo su mayoría absoluta en el Congreso acusó de corrupción administrativa al Ministro de Educación, pero después de censurarlo, no le interesó más el asunto. Cuentéeles cómo su mayoría absoluta aprobó las facultades para legislar al gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki, pero después le derogaron decreto legislativo tras decreto legislativo. Cuentéeles sobre Héctor Becerril, Daniel Salaverry, Rosa Bartra, Úrsula Letona y demás adalides de esa mayoría absoluta que actuaba como “jauría”. Cuentéeles cómo usted, soberbia e infantil, “traicionó” a su hermano Kenji y se propuso desde el inicio “castigar” a Kuczysnki. Cuentéeles cómo usted se creyó listísima para negociar a escondidas con un reverendo felón venido desde Canadá la caída de Kuczysnki y suponer que éste le sería leal en el poder.
Se la pongo más fácil, Doña Keiko: cuéntele a su “Escuela Naranja” y a todos nosotros, ¿qué defienden usted y el fujimorismo?. A su padre, no creo, porque usted ni su bancada anterior movieron un dedo para liberarlo de la cárcel. Aun así, insiste en reivindicar la dictadura de la década de 1990 y no la transición a la democracia. Por eso no sabe liderar. Tuvo la oportunidad de postular en la elección parlamentaria de este año y hacer valer su peso político dentro del Congreso, pero no quiso. En vez de hablar claro a la ciudadanía por las redes sociales, se pone a filosofar sobre el populismo. Rechazó la destitución del “aventurero”, pero después dijo que lo hizo “a pesar” de él. Salvo excepciones, ha llenado su actual bancada con “miedosos”, sin ideas claras.
Por favor,
Doña Keiko, háganos un favor: retírese de la política. Usted no sirve para esta
actividad. Permanezca en casa, con su marido y sus hijas, y dedíquese a otro
oficio. Quizá, algún día, le perdonemos todo lo que hizo.
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