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Cuando lo oí no creí, pero es verdad. El Presidente de la República tiene programa de televisión.

A través de la televisora estatal, Su Excelencia debutó entrevistando a la Ministra de Educación. El programa se llama “Conversando con el presidente” y tiene emisión periódica. Ahora es un espacio al aire de entrevistas con funcionarios públicos. El Presidente del Consejo de Ministros dijo que no tendría costo, pero obviamente los costos los cubrirá la televisora estatal. El propósito del programa de televisión sería dar a conocer a la ciudadanía las acciones del Gobierno nacional en distintos sectores.

Entre las divisiones internas y el desprestigio de imagen, la oposición del APRA y el fujimorismo ha criticado (burlonamente) la iniciativa. Sin embargo, ¿qué se busca con este programa de televisión?, ¿es positivo o negativo?.

Hay un antecedente poco conocido. En 1962 el general Ricardo Pérez Godoy, quien presidía la Junta Militar de Gobierno, tuvo también un programa de televisión llamado “La Opinión Pública y el Gobierno”, donde comunicaba las acciones de la dictadura militar. A parte de retroalimentar la enorme vanidad de Pérez Godoy, el programa de televisión servía para distraer la atención frente a las huelgas, la agitación sindical y los levantamientos campesinos promovidos por el Partido Comunista.

Entonces, ¿cuál es el propósito real de “Conversando con el presidente”?. En principio, informar a una ciudadanía, que generalmente está muy desinformada. Desinformación producto del desinterés o el “cerco mediático” de las televisoras privadas, cuyos periodistas bastante incultos y malévolos mienten o tergiversan los hechos por intereses políticos o particulares. La “corrupción periodística” es realidad.

¿Es positivo o negativo?. Personalmente, ambas cosas. Positivo, porque puede proyectar la imagen de un Gobierno nacional “en marcha”, gestionando, haciendo obras. Muchas veces esos hechos no son conocidos por la ciudadanía, porque el “cerco mediático” de las televisoras privadas resalta noticias más convenientes y minimiza las demás. Los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala fueron “víctimas” de ese “cerco mediático”.

Es negativo, porque el Presidente de la República no es buen comunicador. Su oratoria es mala. A veces no articula bien las frases. Tiene exabruptos verbales, a ratos. Cuando habla de cifras, se le oye “profesoral”. Su verbo no es atrayente. En cambio, Pérez Godoy era carismático y tenía buen manejo de palabras. Reporteros y corresponsales extranjeros lo resaltaban. No aburría oírlo.

El comunicador social Gustavo Rodríguez ha recomendado que el programa tenga un moderador interactuando entre Su Excelencia y el invitado. Ayudaría a dar fluidez a la plática. No obstante, lo importante es mantener la seriedad del espacio. Insinuar que el futbolista Paolo Guerrero podría ser un invitado más sería ridículo.

Esperemos que el Presidente de la República recuerde que si tendrá micrófonos, luces y cámaras de televisión, nos la debe a quienes pagamos nuestros impuestos para financiar la televisora estatal.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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