En mayo del próximo año son las
elecciones dentro de la vieja Organización de Estados Americanos (OEA) para
saber quién reemplazaría al político chileno José Miguel Insulza en la
secretaría general.
El Perú ha propuesto al jurista
Diego García-Sayán para reemplazar a Insulza. Uruguay presentaría la
candidatura de Luis Almagro, ministro de Relaciones Exteriores del presidente
José Mujica. Guatemala anunció que propondría al ex vicepresidente Eduardo
Stein.
Para quienes no conocen o no
recuerdan, García-Sayán es socialista democrático (igual que Insulza), fue
diputado durante el gobierno del APRA en la década de 1980 y ha sido integrante
de la Comisión Andina de Juristas. En 2000 fue Ministro de Justicia bajo el
gobierno de Valentín Paniagua y después Ministro de Relaciones Exteriores bajo
el subsiguiente gobierno de Alejandro Toledo. También ha supervisado la
creación del “Lugar de la Memoria”, museo en honor a las víctimas del conflicto
armado interno contra Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru (MRTA). Actualmente, es Presidente de la Corte Interamericana de los
Derechos Humanos.
De inmediato, hay políticos,
diplomáticos, intelectuales o periodistas que han alabado las cualidades de
García-Sayán y sus credenciales de defensa de los Derechos Humanos. Igualmente,
se han lanzado furibundas voces contrarias: Rafael Rey (ex diputado, ex
congresista y ex Ministro de Defensa, a quien le perdí todo respeto por
agresivo, intolerante y fanático), Marcos Ibazeta (vocal supremo que aplaudió
el golpe de estado del 05 de abril de 1992), Víctor Robles (periodista renegado
del marxismo y defensor de los paramilitares asesinos de Colina) y el
abogado-periodista Aldo Mariátegui. En fin, los elementos más impresentables de
la derecha conservadora.
Falsamente, se acusa a
García-Sayán por la excarcelación de reos terroristas (nunca se ha mencionado
el nombre de un solo “liberado”), firma de decretos supremos que “relajaban”
las condiciones carcelarias (la mayoría de esos decretos no llevan su firma) y
la creación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, el “cuco” de la
derecha conservadora. ¿Significa entonces que apoyó la candidatura del jurista
a la OEA?.
Para nada. García-Sayán no es un
personaje hábil y conciliador (nada de malo, por cierto) y tampoco lo es José
Antonio García Belaunde (quien fue el Ministro de Relaciones Exteriores bajo el
gobierno de Alan García), el candidato que esa derecha conservadora quisiera.
Para dirigir la OEA se requiere un diplomático, alguien capaz de sentar a los
“perros, gatos y ratones” que hay dentro de la organización. Además,
¿García-Sayán sería capaz de enfrentarse al poderoso bloque de la ALBA
(Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua) o sería un servil como Insulza?,
¿conseguiría que la OEA influya sobre la futura transición democrática en
Cuba?, ¿defendería la paz, seguridad y democracia en el hemisferio?.
Ignoro si en el Palacio de Torre
Tagle se hicieron estas preguntas, pero veremos pronto si García-Sayán será o
no el nuevo Secretario General de la OEA.

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