¿Para qué un plan de gobierno?

El APRA presentó un plan de gobierno, el “Plan Bicentenario”, con miras a las elecciones generales del siguiente año y la prensa descubrió que es “bamba”.

El portal web Diario Altavoz reveló que el “Plan Bicentenario” aprista es un texto plagiado de documentos oficiales del Gobierno nacional e, inclusive, parte del conocido plan “La Gran Transformación” del Partido Nacionalista en 2011. De inmediato, el implacable congresista Mauricio Mulder culpó a su colega de partido, Jorge del Castillo (ex Alcalde de Lima, ex diputado, ex congresista y ex Presidente del Consejo de Ministros) por el fiasco y éste le respondió reafirmando que el “Plan Bicentenario” tuvo la aprobación de la Comisión Política y el Consejo Ejecutivo Nacional del APRA, donde Mulder tiene voz y voto.

Los trapos sucios se lavan en casa, pero el asunto es otro. El fraude del “Plan Bicentenario” viniendo de un partido tan organizado y estructurado como el APRA evidencia la poca importancia que los candidatos y los partidos políticos confieren a los planes de gobiernos. Parece que sólo quieren cumplir con la exigencia del Jurado Nacional de Elecciones, conforme a la Ley de Partidos Políticos de 2004. Por eso elaboran planes de gobiernos de poquísimas páginas que son listas de males presentes del país y buenos deseos futuros. Ni una explicación de qué proponen realmente, cómo lo realizarían, cuánto demoraría y cuánto costaría.

Tal vez el plan de “La Gran Transformación” fue el único que se salió parcialmente de ese esquema. Elaborado por intelectuales de izquierda radical, son decenas de páginas dedicadas a narrar todos los males del Perú desde la conquista española hasta el siglo XXI y proponiendo como solución el retorno al populismo-estatismo-colectivismo de la década de 1970. Brillante.

En nuestra historia política reciente el único plan de gobierno que sí mereció esa denominación fue el texto elaborado paciente y sesudamente por esos economistas y técnicos que apoyaron el Frente Democrático (FREDEMO), la alianza electoral de Acción Popular, el Partido Popular Cristiano y el movimiento Libertad, que postuló la candidatura presidencial del escritor Mario Vargas Llosa para las elecciones generales de 1990. Divididos en comisiones y subcomisiones de trabajo elaboraron un voluminoso, pormenorizado y creativo plan que concebía un país nuevo. Sin embargo, Vargas Llosa perdió ante un candidato sin plan alguno y que sólo repetía “Honradez, tecnología y trabajo”. Actualmente, circulan pocos ejemplares de ese plan de gobierno y el pintor Fernando de Szyszlo posee uno. Tan bien elaborado estuvo ese texto que aun hoy algunos postulados estarían vigentes.

¿Para qué sirve un plan de gobierno?. Para que el electorado conozca -algo, al menos- qué pretenden hacer tal candidato con su partido político si alcanzaran el poder. Que las circunstancias posteriores des-actualicen ese plan o hagan imposible aplicarlo es otra cosa, pero que nuestros candidatos y sus partidos políticos ya no crean que los planes de gobierno son tinta mojada y el papel aguanta todo.



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