Verónika Mendoza: todo por el poder

La ex congresista Verónika Mendoza, candidata presidencial de izquierda radical en la pasada elección general, está demostrando su vocación de poder.

Ante el creciente protagonismo político del ex sacerdote católico Marco Arana, hoy congresista, dentro de la izquierda radical, Mendoza decidió contrarrestarlo con una iniciativa audaz, pero que evidencia su inexperiencia política y oportunismo.

Doña Verónika y su nuevo movimiento político convocaron una “marcha contra la corrupción” para el 16 de febrero. El contexto es propicio por el escándalo internacional de corrupción Odebrecht, que ha “ensuciado” los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala. Aunque pretendieron sea una convocatoria “ciudadana” (sin partidos políticos), en conferencia de prensa, Mendoza la “politizó” al decir que se marchará contra el “esquema económico de corrupción” (¿?) implantado por la dictadura de Alberto Fujimori y continuado por los sucesivos gobiernos democráticos y por una nueva Constitución.

Sin explicar cómo se relacionaría la lucha anticorrupción con una nueva Constitución, esa propuesta de Mendoza fue derrotada en las urnas recientemente. Sin embargo, el verdadero leitmotiv tras una nueva Constitución es “tumbarse” el modelo económico heredado de la década de 1990 y la democracia restaurada en 2001 que Doña Verónika y compañía no quieren (más algunos “tontos útiles”, como los politólogos Martín Tanaka y Carlos Meléndez), pero que la mayoría del electorado avaló en las urnas. Hoy, año 2017, seguir insistiendo con una nueva Constitución tiene un afán desestabilizador y rupturista.

No obstante, Mendoza colocó “la cereza al pastel” cuando añadió que si para luchar contra la corrupción el Presidente de la República “debe caer”, que “caiga”. Más allá de las acciones que el Congreso, la Fiscalía de la Nación y la Corte Suprema de Justicia tomarían en ese escenario hipotético, ¿Doña Verónika tiene alguna idea de la magnitud de la crisis política e institucional en el Perú si ocurriese lo que ella está deseando?. Personalmente, sí la tiene, pero Mendoza cree que en una situación de convulsión e inestabilidad puede ganar réditos políticos y llegar al poder. 

¿Por qué Doña Verónika actúa así?. Por un lado, porque ella es una “fundamentalista de izquierda”: una política sin trayectoria partidaria y profundamente ideologizada, incapaz de ver la realidad política o económica con algo de sensatez. Por otro, desde el año pasado, Mendoza está convencida que si hubiera pasado a la segunda vuelta electoral presidencial con doña Keiko F., ex congresista e hija mayor del ex dictador, hubiese ganado la elección. En lo personal, considerando que la disyuntiva política y electoral de 2011 no se repetiría por segunda vez, Doña Verónika hubiera sido derrotada aplastantemente.

Mendoza debe bajar de su nube. Primero que consiga el casi millón de firmas que necesita para inscribir su nuevo movimiento político ante el Jurado Nacional de Elecciones (que no utilice la “marcha” para recolectar firmas) y después sueñe con el poder.

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