¿De qué habla usted, señor Martín Vizcarra?


Esa pregunta me la hago reiteradamente desde el último mes. Les digo el por qué.

El Presidente de la República personifica a la nación. Pese a que sus mensajes tengan contenido sectorial, deben dirigirse hacia cada ciudadano o ciudadana, al margen de diferencias políticas o ideológicas.

Personalmente, cada vez que Su Excelencia habla ante los medios de comunicación, no siento que me habla. En eso se parece a doña Keiko F., ex congresista y lideresa del fujimorismo, hoy presa, quien cuando declaraba ante los periodistas o daba un discurso, nunca la sentí dirigidos hacia quienes por no le votamos en las elecciones generales pasadas sino hacia sus incondicionales, quienes aplaudían todo lo que dijera.

Nuestro Presidente de la República nunca le habla a la nación sino a los “gobierneros”, esos políticos o periodistas que le aplauden siempre. Por eso nos “miente como bellaco”, siempre que reciba aplausos y suba su aprobación en las encuestas de opinión.

De qué hablaba Su Excelencia cuando dijo enérgico, junto al Ministro del Interior (otro “mentiroso”, quien hace rato debió renunciar), que iba a “restringir” la inmigración venezolana al país por razón de seguridad. Dándose cuenta que el Perú se ha convertido en la vergüenza nacional e internacional, el Gobierno nacional cedió parcialmente: ante la tragedia humanitaria en Venezuela, sí dejarán ingresar sin pasaporte ni la “visa humanitaria” a menores de edad o adultos con familiares radicados, adultos vulnerables, mujeres embarazadas y ancianos. No lo anunció él sino el Ministro de Relaciones Exteriores. Ni una palabra de las solicitudes de refugio o asilo o que el Poder Judicial pudiera anular las nuevas exigencias migratorias con una acción de amparo.

Señor Presidente de la República, hable de lo que nos interesa a quienes no le aplaudimos. Hable del crecimiento económico, la promoción de la inversión privada, la generación de empleo. Háblenos de la Autoridad del Transporte en Lima y Callao, aún inoperativa. Háblenos de la nueva Ley de Hidrocarburos, atorada en el Congreso. Háblenos de criminalidad y la Policía Nacional. Háblenos de proyectos de inversión pública o mixta paralizados desde el “escándalo Odebrecht”. Háblenos de las leyes que crean las autoridades de control interno en la administración de justicia, las cuales sí servirían para luchar contra la corrupción.

No queremos oír mentiras, Su Excelencia, porque usted está en el Palacio de Gobierno por la sucesión constitucional. A usted no le voté ni nadie de mis compatriotas le votó (directamente), por lo que tiene mayor deber de hablarnos como si hablara a cada peruano o peruana. Ni siquiera pedimos que diga lo que nos gustaría oír: que renuncia, se lleva consigo a su sucesora constitucional y nos vamos a elecciones generales el próximo año.

Creo no lo hará, porque si algo demostró el Presidente de la República en la ceremonia oficial por el aniversario de la Batalla de Arica de 1880 (aparte de desconocer nuestra Historia) es que no sabe nada ni tiene idea de nada. ¿De qué hablaría entonces?.


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