El empresario Martín Belaunde
Lossio cayó en desgracia: el Presidente de la República y la Primera Dama de la
Nación no quieren saber nada de él. La vieja amistad que tuvieron quedó en el
pasado. El Ministerio Público solicitó al Poder Judicial su detención.
Belaunde Lossio es hijo del ex
embajador y congresista Martín Belaunde Moreyra. Era propietario del diario La
Primera (hoy llamado diario Uno por culpa de un litigio de logos ante el
Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y Protección de la Propiedad
Intelectual, INDECOPI, que merece un artículo aparte), financista incógnito de
la campaña electoral de Su Excelencia en 2006, contribuyente misterioso del
Partido Nacionalista a través de la actual pareja presidencial, nexo entre el
Gobierno nacional y varios presidentes regionales o alcaldes que están de
salida o han sido reelegidos y lobbista -por ejemplo- entre el Instituto
Peruano del Deporte y el Congreso.
En los regímenes democráticos es
legítimo y normal que empresarios o personajes adinerados apoyen a partidos
políticos. Al fin de cuentas, tienen sus ideas y simpatías políticas. En los
Estados Unidos hay empresarios en el Partido Demócrata y el Partido
Republicano. Sin embargo, en una democracia débil, esos empresarios o
personajes adinerados financian partidos, sí, pero después buscan cobrar
favores a los gobiernos y hacer lobbies para obtener contratos, licitaciones, subsidios,
etc. Además, no financian un partido sino varios “para asegurarse”.
Precisamente, el Perú es un país política
e institucionalmente “subdesarrollado”. En un país donde aún es difícil
defender la propiedad privada mediante los tribunales de justicia y con los
cuerpos policiales, como ocurrió recientemente en Cajamarca, el límite entre
democracia y “plutocracia” es borroso. El empresario Dionisio Romero, dueño del
Banco de Crédito del Perú (BCP) y el grupo Crédito, reconoció hace muchísimos
años en una entrevista televisiva que durante la década de 1980 financió a tres
de los cuatro sectores políticos dominantes de esa época: el APRA, el Partido
Popular Cristiano y Acción Popular. También entre 2001 y 2006 el empresario
judío-peruano Josef Maiman estuvo muy vinculado al gobierno de Alejandro
Toledo. En 2008 el gobierno de Alan García se “ensució” por el escándalo del
empresario dominicano Fortunato Canaán. En fin, la misma historia.
¿Cómo cambiar esta situación que
irrita a la mayoría de la ciudadanía?. Con mayores mecanismos de transparencia
y acceso a la información pública, una burocracia eficiente y bien remunerada
(dije bien remunerada, no “exageradamente remunerada”), menores trámites
administrativos y partidos políticos capaces de financiarse sin depender de “extraños
aportes”. He ahí pasos importantes para el fortalecimiento de la democracia.
¿Tarea difícil?. Sí, pero
necesaria si queremos evitar los conocidos escándalos políticos propalados en
los telenoticieros.
Nota
aparte:
¡vivan los 25 años del nuevo mundo nacido tras el Muro de Berlín, aunque
renieguen los nostálgicos del comunismo internacional!.

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