¡No a los “crímenes de odio”!

Cuando creía que la derecha conservadora estaba tranquila, salió con otra desagradable sorpresa.

La Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso aprobó la derogatoria del decreto legislativo promulgado este año. El decreto modificaba el Código Penal de 1991 en relación a violencia contra la mujer y violencia de género, conforme a la ley potestativa que facultó al Poder Ejecutivo el año pasado a legislar en materia de reactivación económica y formalización, seguridad ciudadana, lucha contra la corrupción, agua y saneamiento y reorganización de PETROPERÚ.

La polémica surgió, porque el decreto legislativo incluye a la orientación sexual y la identidad de género como categorías expresas prohibidas de discriminación. Cabe precisar que hasta ahora sólo estaba legislada la orientación sexual, tanto en el Código Procesal Constitucional de 2004 y Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar de 2015. A pesar que tenía dictamen favorable de la subcomisión encargada de revisar todos los decretos legislativos, finalmente, la Comisión aprobó la derogatoria. El dictamen desfavorable debe ser aprobado o rechazado por la Cámara.

La congresista Úrsula Letona, quien presidió la subcomisión, inicialmente, aceptaba la constitucionalidad del decreto legislativo, pero después cambió de parecer. Miguel Torres, presidente de la Comisión, adoptó una postura “formalista” y dijo que no aceptaría “normas de contrabando”. Este muchacho es igual a su padre, Carlos Torres y Torres Lara, presidente del Consejo de Ministros en 1991 y futuro coautor de la Constitución de 1993, quien tenía los mismos aires de “sabiondo”. Aún recuerdo sus justificaciones abogadiles sobre los “decretos supremos extraordinarios” (figura constitucional que jamás existió) ante la Cámara de Diputados en 1991. Más de un diputado gritaba “¡Quítenle el título!”.

Hasta ahí no escapa de un debate parlamentario. Sin embargo, la congresista Nelly Cuadros, integrante de la mayoría absoluta del fujimorismo como Letona y Torres, publicó en su cuenta de la red social Twitter “Acabamos con la 'Ley mordaza' contra quienes nos oponemos a la 'ideología de género'”. Mejor dicho, la derogatoria del decreto legislativo sólo sería otra movida homofóbica del sector más reaccionario de la derecha conservadora (el fujimorismo más la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas) contra gays, lesbianas, transexuales, trans-género e intersexuales, contra quienes ya no disimulan odio.

¿Qué implicaría la derogatoria?. Para el Ministerio Público y el Poder Judicial serían más difíciles procesar y juzgar a quienes cometan o inciten a cometer “crímenes de odio” contra gays, lesbianas, transexuales, trans-género e intersexuales, como el pastor evangélico cubano Rodolfo Gonzáles (cobarde que huyó a El Salvador) o el comunicador social Phillip Butters.

Todavía hay esperanzas que la presión social y mediática fuerce al fujimorismo a rechazar la derogatoria en la Cámara. Por el imperio de la ley y la igualdad de derechos y deberes.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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