El empresario y ex alcalde de Lima, Ricardo Belmont,
publicó en su cuenta Facebook un
video donde refleja la catadura moral de este personaje.
Belmont dedicó su video (mal editado, por cierto) a
despotricar de los venezolanos que llegan al Perú. Esos hombres, esas mujeres,
esos niños que están escapando de la dictadura corrupta, represora y
expoliadora que está “aplastando” al pueblo de Venezuela. Dijo mentiras, lanzó
acusaciones, insinuó que “sólo él” se la juega “a favor del Perú” y prometió
“expulsar” a todos los venezolanos. Cree que así ganará la elección para la
Alcaldía de Lima el próximo octubre. Mejor dicho, cree que los peruanos en la
capital somos tan..., que votaremos por él.
Belmont, el “Hermanón”, ya no es el locutor radial ni conductor
de televisión de “Habla el Pueblo”. Tampoco el promotor de boxeo ni el
entrevistador de celebridades internacionales de la década de 1970. Menos el
maestro de ceremonias de la emblemática Teletón (la colecta para el Hogar
Clínica San Juan de Dios) en la década de 1980. No, hoy es el rostro arcaico de
la xenofobia, la cobardía y la “estafa”. Quienes lo conocemos nos corresponde “desenmascarar”
a este charlatán, demagogo y ramplón.
¿En qué consistió esa “estafa”?. Para salvar la televisora
fundada por su padre en 1966 y nacionalizada por la dictadura del general Juan
Velasco Alvarado en 1971, en 1986 Belmont convocó a la ciudadanía a participar
en la compra de acciones. “Accionariado difundido”, le llamó. Una acción
costaba 1 dólar. Entusiasmados, miles compraron las acciones en el Banco de
Crédito y se alcanzaron 2 millones. El “Hermanón” y su familia pusieron 30 mil
dólares.
No era suficiente. Belmont necesitaba 3 millones.
Entonces “valorizó” máquinas de escribir viejas, sillas deterioradas y demás
enseres en malas condiciones como parte del capital. De inmediato, sus 30 mil se
duplicaron y el “Hermanón” se hizo con 25% del accionariado y el control de la
televisora. Después “aprovechó” la hiperinflación de la década de 1980 para disminuir
el precio de las acciones. Para 1991 costaban 0.000001 (nuevos) soles.
“¡Pon el hombro,
hermano, y te daré tu canal de televisión!”, que decía Belmont quedó en nada. Los certificados de
accionariado valían más por el papel impreso. Por largos años la Asociación de
Accionistas y Socios de RBC exige al “Hermanón” que pagué, pero él siempre ha
encontrado formas de excusarse: que era un “complot” de la dictadura de Alberto
Fujimori (aunque antes llamó al dictador “Chinito lindo”), que es un argumento
de sus detractores, etc. En 2008 el periodista Jaime Bayly le habló del tema en
TV y Belmont lo llamó “maricón”.
Belmont tiene un proceso penal en el Poder Judicial,
pero la “justicia divina” fue más rápida. Adelantó herencia a su hijo Ricky. En
2016, junto a su hermana Lucienne y su mamá (la ex esposa de Belmont), botaron
de la televisora al “Hermanón”. Denunció públicamente que la apropiación fue “ilegal”,
pero si fue así, su hijo sería su digno sucesor.
Métete con quienes si te conocemos, “Hermanón” cobarde.
No te tenemos miedo.
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