Todos los políticos se pelean
entre ellos. Elegante o rudamente, pero siempre pelean. Por ideas, programas o
doctrinas, porque quieren hacerlos prevalecer sobre sus adversarios.
Si las paredes del Palacio
Legislativo hablasen (aparte de gritar por una refacción urgente), contarían
los innumerables altercados verbales y pugilísticos entre integrantes de las antiguos
Senado y Cámara de Diputados, como de la actual Cámara Única. No hace mucho el
escenario de confrontación política pasó a los medios de comunicación. Recuerdo
en 2002 un debate realizado a través de una televisora entre los congresistas
Rafael Rey y Natale Amprimo, que acabó a puño limpio, porque el segundo acusó
al primero de haberse “acostado con la dictadura”. En este segundo decenio del
siglo XXI, la red social Twitter se
ha convertido el ámbito moderno para el choque entre políticos y la lucha
política.
Twitter es una red social
informática creada hace casi nueve años, goza de popularidad mundial y tiene
más de 500 millones de usuarios o usuarias que envían más de 65 millones de
mensajes o “tweets”. La red permite enviar máximo 140 caracteres y que usuarios
o usuarias sigan a otros usuarios u otras usuarias. ¿Quién puede negar el
impacto social de esta red en el mundo presente?. Se puede acceder a Twitter
desde una computadora personal o un teléfono celular con acceso a Internet y
plan o saldo de datos.
Sin embargo, los políticos peruanos
no utilizan Twitter para confrontar respetuosamente sus puntos de vista sino
para agredirse. Quien empezó fue el ex congresista y publicista Carlos Raffo cuando
en 2010 empezó a mandar “tweets” insultando al ex procurador ad hoc Ronald Gamarra. Hoy casi todos
los políticos tienen su cuenta en Twitter,
pero suelen usarla para atacar a otros políticos o periodistas y demás personas
en la red. El incombustible congresista Mauricio Mulder respondió al insulto de
un desconocido con más insultos. Sin embargo, quienes se han convertido en “guerreros
del Twitter” son el Ministro del
Interior (cada vez el hombre me recuerda a la caricatura del “Inspector Gadget”
o “Inspector Truquini”) y el Ministro de Defensa, un competente abogado,
enemigo jurado del APRA y el fujimorismo, a quien se le agrió la personalidad
desde sus días de diputado en 1991 y 1992.
¿Por qué se agreden mutuamente?.
En una época donde hay consenso casi generalizado de mantener la democracia restablecida
en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990, las peleas son
personalistas. No se lucha por ideologías o propuestas sino por vanidad. Mejor
dicho, por "tweets", "re-tweets" y más seguidores en la
red. Qué patético.
Irónicamente, periodistas a
quienes no les molesta mentir sin enrojecerse, desprestigiar imágenes públicas
y mancillar honras piden “elevar el nivel del debate político”. Para quienes
creemos que la libertad de expresión conlleva responsabilidades, que los
políticos escriban lo que quieran, pero háganse responsables por lo que
escriban para saber a quienes castigar con el “látigo de la indiferencia” por
ensuciar el Twitter.

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