Doña Susana, ¿qué pasó con su “Reforma”?


Contundente: según la última encuesta Pulso Perú de la encuestadora DATUM, 67% de limeños y limeñas cree que la Municipalidad Metropolitana de Lima “no ha hecho nada” para mejorar el transporte público urbano e interurbano de la capital.
 
Dos de cada tres encuestados no ve por ningún lado la voceada “reforma del transporte” de la alcaldesa Susana Villarán. De ahí que desaparecieran esos políticos, periodistas o intelectuales que aplaudían como focas a Villarán, porque realizaría una “reforma”, sin pensar siquiera qué tipo de reforma haría ni cómo la realizaría o a quiénes realmente beneficiaría. Por eso salieron María Jara, gerente de Transporte Urbano (a quien no veíamos desde el desastroso empadronamiento de taxis el año pasado), y la misma Doña Susana a defender nuevamente la “Reforma” en un debate televisivo y en el Congreso, respectivamente.
 
Tres años después de cambiar paraderos en grandes avenidas, desplegar batallones de inspectores, cambiar antojadizamente el prototipo de vehículo “bus-patrón” (3 al 4), licitar rutas de corredores viales que sólo existen en papel, crear congestionamientos vehiculares por policías de tránsito mal ubicados durante las “horas-punta” (mañana, tarde y noche), otorgar concesiones viales “turbias” y crecientes denuncias de accidentes de tránsito causados por empresas de transporte público, 73% de limeños y limeñas cree que el transporte público urbano e interurbano sigue igual. Incluso 14% cree que ha empeorado.
 
Por su parte, Villarán culpa al Ministerio de Transporte y Comunicaciones por las licencias de conducir no-suspendidas, la Policía Nacional por no imponer multas de tránsito y la Municipalidad Provincial del Callao por no retirar permisos de circulación de empresas infractoras que también circulan por Lima. Esta problemática requiere soluciones integrales: según expertos, varios cambios reglamentarios (mejoren la calidad del servicio, promuevan la competencia y eficiencia, reduzcan accidentes de tránsito y congestión vehicular y disminuyan la contaminación ambiental) y un ente nacional rector y fiscalizador, como la Superintendencia de Transporte Terrestre de Personas, Carga y Mercancías (SUTRAN).
 
El pasado enseña: en la década de 1950 la dictadura del general Manuel Odría quitó autorizaciones de ruta a los dueños de las empresas para entregárselas a las federaciones de chóferes. Poco a poco el transporte público adquirió un rostro “proletario”, a medida que la preocupación paso de costos, ganancias, ahorro e inversión a repuestos, combustible, cobro de las tarifas y recojo de pasajeros o pasajeras. En la década de 1990 se permitió la formación de empresas, pero como surgieron a partir de las antiguas federaciones, la realidad cambió poco. ¿Por qué el cambio originalmente?. Las federaciones estaban dominadas por el APRA y Odría quería minar la influencia gremial aprista. Usuarios y usuarias, al diablo.
 
A pesar de Doña Susana y sus corifeos, la población de Lima no es tonta e intuye mayoritariamente que la cacareada “Reforma” nunca fue para beneficiarla.

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