La
congresista Rosa Bartra, presidenta de la Comisión de Constitución y Reglamento
del Congreso, dijo recientemente en la Cámara que a ella la “inspira” José
Faustino Sánchez Carrión.
Sánchez Carrión
nació en Huamachuco, en 1787. Miembro de una familia adinerada, fue a Lima en
1804 para estudiar Derecho e ingresó al Real Convictorio de San Carlos. Allí
destacó como estudiante y buen orador y se convirtió en un apasionado “liberal
afrancesado”. Se graduó en 1813 y se convirtió en abogado cinco años después.
También fue catedrático.
Características
de Sánchez Carrión fueron su terca rebeldía y tenaz intransigencia. Rasgos
notorios durante la convulsa etapa política tras la Independencia del Perú respecto
a España.
Habiendo
estado lejos de Lima, Sánchez Carrión volvió a fines de 1821. El generalísimo
argentino José de San Martín había instalado el “Gobierno del Protectorado”. Su
Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores era otro argentino, el abogado
Bernardo Monteagudo. A pesar de ser republicanos, San Martín y Monteagudo
creían que una monarquía constitucional era el mejor régimen para el Perú.
Pensaban que una república traería discordia y anarquía. Sánchez Carrión era
fervoroso republicano y se convirtió en enemigo de San Martín y, especialmente,
Monteagudo.
Entre 1821
y 1822 Monteagudo dictó duras medidas contra los españoles: confiscó bienes, cerró
casas comerciales. Decretó expulsiones. Se presumen cuatro mil españoles
expulsados. Esas medidas tornaron el Protectorado impopular. A Sánchez Carrión
no le importaban los españoles maltratados sino los planes monárquicos de
Monteagudo. Usó la libre imprenta decretada en 1821 para publicar manuscritos
exigiendo a San Martín la destitución de Monteagudo.
Al final,
San Martín convocó al Congreso General Constituyente en 1822, le entregó el
poder y se marchó a Guayaquil para reunirse con el libertador venezolano Simón
Bolívar. Sánchez Carrión era diputado y desde el Congreso alborotó a los limeños
notables y consiguió la caída de Monteagudo y su destierro al istmo de Panamá.
Sus planes republicanos ganaron. Después adoptó tesis federalistas frente a los
unitaristas. Para entonces eran evidentes sus contradicciones políticas: pese a
haber participado en la redacción de la Constitución de 1823, alentó el “Motín
de Balconcillo”, el golpe de estado contra la Suprema Junta Gubernativa
nombrada por el Congreso y la asunción del aristócrata y militar José de la
Riva Agüero como “Presidente de la República”.
La guerra
no había terminado y el país ya se sumía en el caos. Entonces Sánchez Carrión
promovió que el Congreso invite a Bolívar a tomar el mando del Perú. Al llegar
éste, pidió se le entregué poderes dictatoriales. Según el “Solitario de Sayán”
(uno de sus varios seudónimos), la dictadura era necesaria para defender la
libertad. Con Bolívar, Sánchez Carrión fue Ministro de Gobierno y Relaciones
Exteriores. En 1824, días antes de la Batalla de Ayacucho que sellaría la
Independencia, promovió el “Congreso de Panamá” por la unidad hispanoamericana.
Sánchez
Carrión nunca fue popular. Su estilo sectario no le generó simpatías. Era
hombre de enconos inmisericordes. Sobre él recayó la sospecha por el asesinato
de Monteagudo en 1825, de quien públicamente pidió su muerte si volvía al Perú.
Se cree que Bolívar descubrió la complicidad de Sánchez Carrión en el asesinato
de Monteagudo en Lima y ordenó matarlo con veneno. Muerto, su asesino también
sería asesinado.
Ahora creo
entender por qué la congresista Rosa Bartra es como es.

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