Fujimoristas respetables, fujimoristas no-respetables

En 1908 el escritor Manuel Gonzáles Prada expresó una reflexión que evoco ahora.

Dijo que, pesar de discrepar, un liberal o un conservador merecían respeto. Al contrario, un “pierolista” o un “cacerista” no le merecían respeto alguno. “Pierolista”, por los seguidores del ex presidente Nicolás de Piérola, y “cacerista”, por el general Andrés Avelino Cáceres, héroe de la guerra contra Chile y derrocado por la Revolución de 1895 encabezada por Piérola. Gonzáles Prada valoraba a un liberal o un conservador, porque seguían ideas, doctrinas o programas. Al “pierolista” o el “cacerista” no, porque sólo seguían al caudillo.

Aunque este personaje histórico me desagrada (¡tremendo farsante!), acá coincido con Gonzáles Prada. En lo personal, aunque discrepe, me merecen respeto un socialdemócrata, un socialcristiano, un liberal-humanista y hasta un socialista democrático (si es verdadero estudioso del marxismo y la realidad, no un adoctrinador de manual), pero no un FUJIMORISTA. Dejo en claro todo mi respeto al ser humano, no necesariamente al hombre o la mujer “zoon logos politikon” o con discurso político.

¿Por qué no un fujimorista?. Si los fujimoristas fuesen liberales-conservadores, como los hay en Europa u otros países de América Latina, no habría problema. No obstante, salvo significativas excepciones, los fujimoristas son sólo fujimoristas: simpatizantes del ex dictador Alberto Fujimori y la herencia política del fujimorismo, representada hoy por su hija mayor, ex congresista y dos veces candidata presidencial, Doña Keiko.

Para que, políticamente, un fujimorista solo sea fujimorista requiere una estrechez mental absoluta o una ausencia total de pensamiento crítico. Hombre o mujer así se encierran en su cosmovisión y sólo aceptan los mensajes que convaliden su sistema de creencias, el cual se sustenta en el orden, la autoridad y la fuerza. Si es agnóstico o ateo, podrá encontrar refuerzo en la filosofía platónica-aristotélica-positivista. Si es creyente, en la teología de la Iglesia Católica o las iglesias evangélicas. Nociones como libertad, imperio de la ley, instituciones o secularismo son rechazadas. Depende del grado personal de tolerancia y respeto, las amenazas a esas creencias serían respondidas con insultos, agravios y violencia. Al final, terminan más a la derecha que los viejos conservadores.

Así se explicarían comportamientos sectarios e intolerantes, como la actriz Karina Calmet cuando insulta, agrede y vilipendia en la red social Twitter a quien contradiga sus opiniones. Como ella, esos fujimoristas fanáticos mienten o repiten mentiras, tildan de “caviar”, “rojete” o “terruco” a sus adversarios, expresan un lenguaje bastante grosero y un mensaje de ataque y siempre se consideran “decentes”, “correctos”, “buenos peruanos” o poseedores de “la verdad”. Lo sé, porque lo vi en Twitter muchas veces.

Si un fujimorista fuese liberal-conservador, merecía todo mi respeto. Si un fujimorista sólo es fujimorista, como Calmet y otros, evocando a Gonzáles Prada, no me merece respeto alguno.

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