A una semana del Estado de
Emergencia en todo el país por la pandemia COVID-19, la cifra de contagiados aumenta,
con una veintena de hospitalizados (algunos críticos) y varios fallecidos.
Sin embargo, el Gobierno nacional
de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la
sucesión constitucional de 2018 parece aún un paso atrás de la pandemia.
Habiendo agotado los recursos más extremos, el Estado de Emergencia, el “aislamiento
obligatorio” y el toque de queda, por fin se acertó con tres anuncios: usar la
Villa Panamericana en Villa El Salvador para el aislamiento de pacientes (Lima tiene
el mayor número de contagios) y el nuevo Hospital de Ate del Ministerio de
Salud para pacientes críticos, la compra de 1,6 millones de kits para
despistaje del COVID-19 (sólo habían diez mil y ya se hicieron más de cuatro
mil despistajes) y la vacunación masiva de adultos mayores contra la neumonía, segmento
poblacional propenso a morir de complicaciones respiratorias por la pandemia.
No obstante, el Gobierno todavía
no tiene un plan de acción frente a la pandemia. Ni siquiera una estrategia
comunicacional. Todos los días hay distintos voceros hablando: el Ministro de
Defensa (un “militarote” obtuso), el Ministro de Agricultura y Riego (un “alarmista”),
el Ministro del Interior (incapaz de hablar sin “mentir”), el Presidente del
Consejo de Ministros (se pasa de “serviil”) y hasta el Alcalde de Lima, ese
“chulo” a quien nadie autorizó hablar. Se nombró como “vocera oficial” a una
burócrata, pero ya no aparece. En el centro de la noticia, el “aventurero”,
quien goza del protagonismo mediático por la pandemia, aunque sus apariciones
en televisión no calmen a nadie y nos causen más zozobra.
Todos los días el “aventurero”
sale en TV desde el Palacio de Gobierno en conferencia de prensa a decir algo.
Sabe que el Estado de Emergencia, el toque de queda y el despliegue del
Ejército y la Policía Nacional en avenidas y calles de todas las ciudades haciendo
cumplir las restricciones a las libertades de tránsito y reunión le ha dado una
concentración del poder como no la ha tenido antes. Ni le importó “cargarse” su
Ministra de Salud en plena emergencia.
El “aventurero” está en la
gloria: según la última (y conveniente) encuesta de opinión de IPSOS (telefónica,
supongo), su popularidad casi bordea el 90% del país. Cree que ya tiene el
camino asegurado para quedarse en el poder más allá de 2021. En tiempos de
crisis extremas, todos queremos confiar en que nuestras autoridades decidirán
lo mejor para nosotros, pero la realidad puede ser diferente. Las
circunstancias han dado al “aventurero” una oportunidad única e irrepetible de
“liderar” el Perú frente a la pandemia, pero la sobre-actuación, la
improvisación, la demagogia y el afán de protagonismo demostrarían que él no es
consciente de la crucial y delicada situación que vivimos. Sus palabras de hoy
lo pueden condenar mañana.
¿Qué pasará si al duodécimo día
el número de contagiados no se estabiliza y médicos y especialistas recomiendan
al “aventurero” y su Gobierno prorrogar 15 días más el Estado de Emergencia con
las mismas restricciones?, ¿no comenzarían muchas pequeñas y micro empresas a
quebrar, arruinado a sus propietarios y dejando sin empleo a miles de
trabajadores?, ¿no reducirían sus costos operativos grandes y medianas empresas
despidiendo personal?. Al contrario, si la vida económica y social empieza a
normalizarse paulatinamente, ¿qué ocurriría si el número de contagiados vuelve
a crecer y el “aventurero” mentiroso siente el espasmo autoritario de volver a
las (facilistas) medidas excepcionales?. En ambos escenarios, cacerolazos,
silbatazos y pifias contra el “aventurero” desde ventanas, balcones o terrazas
serían lo mínimo. Protestas callejeras y saqueos, lo peor.
El Perú está en un callejón sin
salida. Que Dios nos ayude a encontrar la salida.
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