Martín Vizcarra, a la baja


Según la encuestadora IPSOS, la aprobación al Presidente de la República cayó 5 puntos. Ahora está en 63% del total de encuestados.

Otra encuesta de DATUM también indicó una baja en la popularidad de Su Excelencia. Tras meses de una aprobación galopante, las simpatías por el Presidente de la República comienzan a menguar. ¿Por qué ocurre?

En principio, la popularidad de Su Excelencia subió a partir de la posición firme que adoptó frente al escándalo de corrupción judicial relacionado al extinto Consejo Nacional de la Magistratura, en contraste con la actitud timorata o blandengue de la otrora mayoría absoluta fujimorista del Congreso. Era simple advertirlo: desde el estallido del “escándalo Odebrecht” hace un par de años (la mega-corrupción de la empresa constructora brasileña entre 2005 y 2014), el grueso de la ciudadanía está cansada de los actos de inmoralidad política y administrativa. Que el Presidente de la República (quien no está involucrado en el “escándalo Odebrecht”) se “ponga firme” en la lucha anticorrupción inevitablemente sería aplaudido.

Esa postura anticorrupción se materializó, primero, en nueve proyectos de ley para reformar el sistema de administración de justicia enviados al Congreso (apenas se han aprobado algunos) y, después, con las iniciativas de reforma constitucional para someter a referéndum, que Su Excelencia nos quiso vender como “reforma política”. En ese momento las deficiencias del Gobierno nacional pasaron a segundo plano. El clímax de ese ánimo popular fue la victoria del SI, SI, SI y NO en el referéndum.

¿Qué sucede ahora?. El Congreso aprobó la ley orgánica de la nueva Junta Nacional de Justicia. El fujimorismo está debilitado, desarticulado y, relativamente, empequeñecido. El ánimo anticorrupción de la ciudadanía disminuyó. A veces lo urgente se sobrepone a la importante. Lluvias y aluviones azotan departamentos del sur y sur-centro del país. Hay damnificados e infraestructura dañada. De otro lado, comunidades nativas de la Amazonía han saboteado el Oleoducto Norperuano e impiden que personal técnico de la petrolera estatal PETROPERU lo repare paralizado por más de dos meses el bombeo de petróleo hasta la refinería de Talara. Las pérdidas económicas son crecientes.

Para colmo, comienza una huelga camionera indefinida, cuyos transportistas de carga exigen reducción de tarifas por peajes en las concesiones viales, combustible subvencionado y devolución por Impuesto Selectivo al Consumo. Algunas carreteras bloqueadas, dificultad para el transporte de carga, paralización del puerto de Salaverry, cuantiosas pérdidas económicas por exportación. 

El ánimo popular cambió. La ciudadanía quiere solución a esos problemas y otros más. Si el Presidente de la República fuese un político estadista, lo entendería. Sin embargo, es un “aventurero” a quien no lo hemos votado (directamente), preocupado junto al cómplice de su felonía por quedarse un tiempo más en el Palacio de Gobierno.

Entonces, Su Excelencia merece perder todos y cada uno de esos puntos de aprobación que todavía le quedan.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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