28 de julio y nada por qué celebrar ("ESPECIAL")

Otro 28 de julio, pero este aniversario del Perú ha sido triste y deprimente por la cruda realidad de la pandemia viral COVID-19 y la recesión económica.

Para colmo, ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 acudió al Congreso para su mensaje de Fiestas Patrias. No perderé el tiempo con el discurso. Fue un amasijo de anuncios pomposos, promesas demagógicas y cinismo puro.

A los asesores de imagen del “aventurero” se les ocurrió publicar en las redes sociales Facebook y Twitter fotografías del “detrás de cámaras”. Mucha risa en un país de luto por una pandemia. El personal del Palacio de Gobierno no izó el pabellón nacional, ni siquiera a media asta. Sólo hubo un disforzado minuto de silencio en el Congreso. En el trayecto dentro del automóvil oficial, desde el Palacio de Gobierno hacia el Palacio Legislativo, el “aventurero” violó los protocolos sanitarios decretados por su Gobierno y que gusta exigir a otros: no se colocó mascarilla ni protector facial y se sentó en el asiento del copiloto. El discurso fue tan malo que no soportó las críticas en las redes sociales. Ni siquiera mencionaré la misa (virtual) y Te Deum en la Catedral, a cargo del Arzobispo de Lima, convertido en “gobiernero”.

Preguntémonos: ¿cuántas personas vieron o escucharon el mensaje?, ¿a cuánta gente realmente interesó lo que dijo o pudiera decir el “aventurero”?. Pensemos. A esa familia, que tiene a un ser querido internado en un hospital público o clínica privada a causa del virus, quien puede estar necesitando balones de oxígeno, ¿pudo interesarle el discurso del “aventurero”?. Una familia, que no consigue cama disponible en un hospital público o una clínica privada para su ser querido contagiado y debe llevárselo a casa, quien puede estar necesitando cuidados intensivos u oxígeno medicinal, ¿pudo interesarle el discurso maniqueo y fantasioso del “aventurero”?. A su vez, quienes perdieron a su familiar o amistad a causa de la pandemia y aún lloran su partida, ¿pudo interesarles el discurso frívolo y auto-complaciente del “aventurero”?.

De otro lado, quienes han perdido su empleo y están angustiados por cómo llevarán dinero a sus hogares, ¿pudo interesarles el discurso “de otro mundo” del “aventurero”?. A esos pequeños o microempresarios, cuyos emprendimientos de mucho esfuerzo han quebrado y no ha recibido ni un céntimo del “plan de reactivación económica” y, encima, están endeudados con algún banco o alguna entidad financiera, ¿pudo interesarles el discurso idílico del “aventurero”?. A esas personas sin empleo o ingresos, endeudadas por préstamos o tarjetas de crédito, quienes deben recibos de electricidad o telefonía, pensiones de colegios o universidades privadas y no tienen idea cómo pagarán, ¿pudo interesarles “un poquito” el discurso del “aventurero”?.

Por último, a quienes aún tenemos empleo (con salario disminuido) y, afortunadamente, ningún familiar o amistad ha sufrido por contagio del virus, pero nos hartan insoportablemente las mentiras constantes del Gobierno, el ocultamiento de contagiados y fallecidos (la Ministra de Salud empieza a sincerar cifras, pero no habrá más boletines), la perturbadora presencia militar fuera de los cuarteles (el Ministro de Defensa anunció que el Estado de Emergencia y el toque de queda se prorrogarán por séptima vez y los “gorilas” seguirán exhibiéndose), el despilfarro del Ministerio de Economía y Finanzas (la economía está en recesión y tanto gasto público sólo retrasará el ciclo económico), la vomitiva corrupción administrativa del Gobierno (el “aventurero” ha sido bien generoso beneficiando a familiares y amigos) y la complicidad rastrera de muchos medios de comunicación, NO, NO nos interesa nada de lo que pueda decir el “aventurero”.

El “aventurero” debe irse. Lo más pronto posible.

 


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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