Mi partido, el Estado


Una reciente denuncia periodística de la televisora privada América Televisión reveló que el Gobierno nacional está utilizando al Estado para “revitalizar” el Partido Nacionalista, el partido político oficialista, con miras a las próximas elecciones.
 
Según la primicia, gobernadores y teniente gobernadores en todo el país nombrados por el Ministerio del Interior han sido traídos a Lima para participar en mítines “nacionalistas” o se les ha ordenado reunir militantes para cada presentación pública del Presidente de la República. Incluso habrían organizado la celebración del cumpleaños de Su Excelencia. Tras la eliminación de prefectos y subprefectos por el gobierno de Alan García en 2007, gobernadores y teniente gobernadores son las únicas autoridades políticas nombradas desde el Poder Ejecutivo.
 
Consultado por la denuncia, el Presidente de la República respondió malcriadamente “¡Déjense de mezquindades!” (Está estresado), mientras el congresista Víctor Isla dijo que fue una "coincidencia" las reuniones de todos en Lima. Recordando que en 2012 se prometió que gobernadores y teniente gobernadores serían nombrados por el Presidente del Consejo de Ministros por denuncias similares de entonces, medio en broma, medio en serio, el sociólogo Carlos Basombrio dijo en su cuenta Twitter que mejor los nacionalistas se callan, porque la “embarran más”.
 
No es el único caso. El gobierno de Alejandro Toledo intentó fortalecer al partido Perú Posible mediante distintas dependencias estatales, sin éxito. Somos Perú, Solidaridad Nacional y Unión por el Perú han utilizado a los gobiernos regionales y locales para cohesionar sus militancias partidarias. Peores casos suceden con todos los movimientos políticos regionales. Lamentablemente, el Perú tiene hoy una “caricatura” multipartidista como sistema de partidos políticos.
 
En el pasado la situación no era muy diferente: el APRA, el Partido Popular Cristiano, Acción Popular y la extinta alianza Izquierda Unida “capturaron” el Estado y lo utilizaron para “engrasar” sus maquinarias partidarias durante la democracia de la década de 1980. El caso del fujimorismo es más trágico: no se buscó fortalecer un partido político sino colocar el Estado al servicio de un caudillo. Podemos retroceder el tiempo y me faltaría escribir toda la Historia.
 
Lo repetiré hasta el cansancio: una democracia requiere un sistema de partidos políticos fuerte, estable y sostenible. Eso no existe hoy en el Perú. Hace tiempo que no hay “gobiernos partidistas”, porque el Estado ya no necesita de partidos políticos para legitimarse sino éstos necesitan del Estado para seguir existiendo.
 
El politólogo Carlos Meléndez señala que el modelo económico heredado de la década de 1990 y la democracia restaurada en 2001 (con partidos políticos débiles y desacreditados) crearon una “estabilidad a la peruana”. Lo siento, pero discrepo. Construimos una democracia con partidos políticos institucionalizados como en los Estados Unidos, Europa, Canadá, Japón, Corea del Sur, Australia o Nueva Zelanda o esa “estabilidad” se irá por un tubo.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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