El alcalde de Lima, Luis Castañeda, se ha metido en
camisa de once varas por su terquedad y estrechez mental. Sin embargo, ¡no
aprende!.
En 2009 la anterior administración de Castañeda
firmó el contrato de concesión vial con la constructora OAS, de capitales
brasileños, y nace el consorcio Línea Amarilla. La concesión era para
construcción y mantenimiento de 16 kilómetros desde el Trébol Javier Prado hasta
el óvalo Habich, la construcción de un túnel vial bajo el río Rímac y la
construcción de otro sistema Metropolitano para buses. Las obras debían
concluir en 2014.
En 2011 la ex ministra de la Mujer, Susana Villarán,
asumió la Alcaldía de Lima y Línea Amarilla cambió a "Vía Parque
Rímac" (¡baladí!), se eliminó el segundo Metropolitano para reemplazarlo
por un parque de 25 hectáreas a lo largo de 4 kilómetros del río Rímac. Así
nació el proyecto "Río Verde". Además, se amplió la concesión de 30 a
40 años, a cambio que 7% del cobro por peaje vaya a las arcas metropolitanas y
se estableció un programa de viviendas para reubicar a las familias de las
riberas del río Rímac. En 2013, mismo año que se transfirieron los peajes a la
concesionaria vial, se firmó una adenda al contrato para crear un fideicomiso
de 74.5 millones de dólares para "Río Verde".
En 2014 la administración de Villarán pagó 142
millones de dólares a OAS, porque -por ineficiencia e incapacidad- incumplió el
cronograma para expropiación de terrenos y reubicación de viviendas. Por eso la
obra hasta hoy no termina. En 2015 Castañeda regresó, renombró otra vez la
concesión vial como Línea Amarilla, canceló "Río Verde" y usó el
fideicomiso para financiar su urgentísimo
"bypass" de 28 de Julio. No obstante, todavía no se sabe cuánto ha
costado esa obra y si el fideicomiso alcanzó, porque tampoco concluye. La
Contraloría General de la República está investigando. A esto se suman las denuncias
periodísticas por presunta negociación irregular con ejecutivos de OAS, que el
Congreso también investigaría.
Si las "escaleras de la solidaridad"
(escaleras en cerros ocupados por viviendas populares) fueron el símbolo de
Castañeda I, los "bypass" serían el símbolo de Castañeda II: la
Municipalidad Metropolitana de Lima planea construir ¡18! en la ciudad.
Distintos arquitectos urbanistas alertan que más "bypass" no
resolverían el espantoso tráfico vehicular de la capital (un reordenamiento de
calles o avenidas y un plan integral de semaforización ayudarían más) y,
encima, "arruinarán" irremediablemente la ciudad. Además, ¿de dónde
saldrá el dinero para financiarlos?.
¿Por qué a Castañeda le fascina tanto el cemento y
el ladrillo?. Puedo pensar que siente placer (¿quizá sexual?) mostrándose ante
cámaras de televisión y lentes fotográficos con su casco de construcción, su
marcador y su maqueta a escala, pero creo que sólo es un político obcecado que
se ha quedado en la década de 1980, cuando construir grandes avenidas o muchas
autopistas era parte de iniciativas urbanísticas. Hace mucho tiempo que esas
ideas pasaron de moda en el mundo.
¿Castañeda pasó de moda?.

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