ONP y AFP Hábitat: “¡Parió Paula!”


La Presidenta del Consejo de Ministros anunció que el Poder Ejecutivo promulgaba la autógrafa de la ley que cambia de obligatorias a voluntarias las aportaciones de trabajadores y trabajadoras independientes a los fondos de pensiones y permite la devolución de aportes ya realizados.
 
Episodio final de una batalla demagógica del APRA, el fujimorismo, el Partido Popular Cristiano, Acción Popular y la izquierda radical, comandados por el congresista Víctor Andrés García Belaunde (ex diputado graduado en mentira y doblez) y Jaime Delgado (otrora “defensor del consumidor” y congresista cínico), y seguidos del diario La República, reducto nostálgico del estatismo.
 
Desde 1992 existe el Sistema Privado de Pensiones, atendido por las “administradoras de fondos de pensiones” (AFP), junto al Sistema Nacional de Pensiones, administrado por la Oficina de Normalización Previsional (ONP), ente que el Estado creó entonces para tal fin. El plan era la desaparición gradual de la ONP para que sólo hubiera AFP's, como en Chile, de donde viene el sistema. Pasó el tiempo y terminaron coexistiendo ambos sistemas previsionales y trabajadores o trabajadoras “formales” deben elegir alguno.
 
Desde el principio, las AFP's han contado con rabiosos enemigos, que han disminuido con el paso del tiempo, pero aún engañan y desinforman a una ciudadanía peruana sin cultura previsional. A esos farsantes no les interesa cómo llegarán trabajadores y trabajadoras a la vejez, sólo que el Sistema Privado de Pensiones sea eliminado, como ocurrió en Argentina y Bolivia. Además, en el Perú hay una gran masa laboral “informal” (sin seguridad social ni fondo de pensiones) y la “Reforma” de 2012 buscó que tuviera un ahorro para la vejez, porque en un país donde poca gente se preocupa por el futuro, jóvenes prósperos hoy pueden acabar mendigando cuando estén en la tercera edad.
 
Como el Sistema Nacional de Pensiones es solidario, donde trabajadores y trabajadoras pagan ahora las pensiones de actuales jubilados y jubiladas, es un sistema escaso de recursos, que debe respaldarse crecientemente en dinero del Estado. Quien aporte a la ONP no es “su” dinero, se le descuenta menos, pero debe aportar cierta cantidad de años. Si no, adiós pensión. Si cumpliera, el Estado se compromete a pagarles una pensión “digna”. Si habrá dinero, claro.
 
Las AFP's pagan buenas pensiones si aportaron bien, cobran comisiones paulatinamente decrecientes, obtienen ganancias por rentabilidad y otorgan cobertura de salud y aseguramiento. Desde 2001 hay “pensión mínima” garantizada por el Estado, pero muy restringida. Por ahora abogaría por una “reforma” que fusione ambos sistemas, fuerce a ahorrar previsionalmente (en ningún país del mundo es voluntario) y evite que mayor gente se siga afiliando por razones cortoplacistas a un sistema financieramente insostenible.
 
No obstante, los políticos estarán más preocupados que la Superintendencia de Banca y Seguros y la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) regulen la devolución de los recientes aportes. Qué pena.
 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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