Todo comenzó el domingo pasado con el Mensaje a la
Nación del Presidente de la República.
Ante la demora parlamentaria en aprobar las
iniciativas de reforma constitucional anunciadas en Fiestas Patrias para
someterlas a referéndum, Su Excelencia convocó a legislatura extraordinaria del
Congreso y anunció que el Presidente del Consejo de Ministros haría cuestión de
confianza ante la Cámara, según la Constitución de 1993. Entonces las aguas se
agitaron en la política nacional.
Aunque lo refutaran públicamente, la mayoría
fujimorista sabía que era inminente una posible disolución constitucional de la
Cámara, porque este Gobierno es la continuación del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski,
a quien el año pasado le fue negada una cuestión de confianza de uno de sus
gabinetes ministeriales por estos mismos congresistas. Si ocurría por segunda
vez, es atribución presidencial disolver constitucionalmente la Cámara.
Tras perder 40 días los renuentes congresistas
fujimoristas se apuraron. El dictamen sobre la reconformación del Consejo
Nacional de la Magistratura se aprobó rápido en la Cámara por unanimidad. De
inmediato la Comisión de Constitución y Reglamento empezó a debatir y aprobar
los artículos para restablecer la bicameralidad obviando número y elección de
senadores y diputados. Corría el tiempo, el miércoles 19 era la sesión de la
Cámara por la cuestión de confianza y había que mostrar (algunos)
resultados.
Llegó el día y el Presidente del Consejo de Ministros
en la Cámara medio improvisó su discurso. Intentando no contravenir la “burda”
modificación reglamentaria del Congreso de este año y pendiente en el Tribunal
Constitucional, pidió cuestión de confianza no por la aprobación de los
proyectos de reforma constitucional sino sobre “la política de lucha anticorrupción
y fortalecimiento institucional” del Poder Ejecutivo materializada en cuatro
iniciativas.
Tras un largo debate plagado de bravuconería,
demagogia y cinismo, la Cámara aprobó la cuestión de confianza. 82 votos a
favor, 22 en contra y 14 abstenciones. Sorprendentemente, la mayoría
fujimorista se dividió: hubo quienes votaron a favor, otros que votaron en
contra y los demás se abstuvieron. ¿Por qué?. Lo ignoro. Los “rojos aranistas”
(por el ex sacerdote católico y congresista Marco Arana) y los “rojos
mendocistas” (por la ex congresista Verónika Mendoza) en el Congreso quisieron “pescar
a río revuelto” pidiendo nueva Constitución y elecciones constituyentes, pero es
la vieja estrategia leninista de la izquierda radical.
Previamente, los fujimoristas se habían comprometido a
aprobar las iniciativas (faltan la no-reelección parlamentaria inmediata y “constitucionalizar”
la regulación al financiamiento de partidos políticos) antes del 04 de octubre,
pero sólo verbalmente. Podrían faltar a sus palabras, volver a quedar como “mentirosos”
y seguir desprestigiando al Congreso, pero -por ahora- es una (pequeña) “victoria
política” del Presidente de la República.
Una primera victoria para que el Congreso nos deje
votar en referéndum y reafirmar nuestra democracia.

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