El foco en el problema

Finalmente, el Presidente del Consejo de Ministros acudió al Congreso.

Tras la sustentación de los actos ejecutivos durante el interregno parlamentario y las políticas generales del Gobierno nacional y dieciocho horas de debate, la Cámara votó la cuestión de confianza solicitada, conforme a la Constitución de 1993, y la otorgó con 89 votos a favor, 35 en contra y 4 abstenciones.

A favor: la mayoría de Acción Popular, Alianza para el Progreso, PODEMOS Perú, el Partido Morado, Somos Perú, el FREPAP y la congresista independiente Arlette Contreras. En contra: casi todos los “rojos” del Frente Amplio, el fujimorismo y UPP. Pese a diferencias políticas o ideológicas, aplaudo a quienes -por fin- empezaron a decir NO al Gobierno más incompetente y mentiroso en los últimos sesenta años de este país.

La exposición del Presidente del Consejo de Ministros fue patética. Repetía un libreto aprendido. Dijo tonteras como que “en el pasado nuestras diferencias políticas se resolvían con golpes de estado”. Obvio, gracias al siniestro asesor argentino, hoy se resuelven con simples violaciones constitucionales, mucha manipulación mediática y bastante propaganda política. En pleno debate, anunció que, mediante decreto de urgencia, todos los funcionarios públicos del Poder Ejecutivo se reducirían el sueldo por tres meses, entre 10 a 15%. En la Cámara llovieron críticas al Gobierno: por el notorio fracaso en la contención de la pandemia viral COVID-19 en el país, la quinta prórroga al Estado de Emergencia y el toque de queda y la crisis económica, que está provocando quiebre de empresas, perdida de empleos y empobrecimiento general.

¿Por qué esos congresistas votaron a favor?. Quizá por temor a habilitar el camino a otra disolución de la Cámara. Pese a todo, el odioso y lerdo Presidente del Consejo de Ministros o el sádico y cínico Ministro de Salud no son el problema. Tampoco la voluntariosa y sobrevalorada Ministra de Economía y Finanzas o el Ministro de Justicia y Derechos Humanos, un burócrata obtuso. No es el problema la Ministra de Desarrollo e Inclusión Social, inepta absoluta. No son el problema la Ministra de la Producción (burócrata controlista, quien tiene cuentas pendientes con la justicia) ni la Ministra de Cultura (quien renunció al día siguiente), por el escándalo “Richard Swing”. Ni siquiera el Ministro de Defensa (un generalote “cretino”) o el Ministro del Interior son el problema.

No, el problema es el “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018. Discrepo con gran parte de la opinión pública: poco o nada hubiésemos ganado cambiando el gabinete ministerial. Ya el “aventurero” está tan megalómano que le fascina rodearse de “grises” que no le opaquen, aplaudan sus barbaridades y convaliden sus fechorías. Sólo el congresista Daniel Urresti apuntó a él cuando dijo que, junto al jefe del gabinete, puede acabar preso, pero votó a favor.

Hoy nadie enfoca al “aventurero” como el problema. Sin embargo, si seguimos por la senda al abismo, tal vez en uno o dos meses más, sí.

 


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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